El problema de la racionalidad práctica

Teoría

 

LAS TEORÍAS ÉTICAS

 

ÉTICAS DE LA ANTIGÜEDAD
Intelectualismo moral socrático
A lo largo de la historia del pensamiento occidental se ha discutido si hay realmente, o incluso si son posibles, las normas éticas. El primer gran pensador que defendió la posibilidad de un conocimiento objetivo y universal de conceptos éticos, como la justicia o el bien fue el ateniense Sócrates (470 a. C. – 399 a. C.). Según él, esto es posible porque tales conceptos morales preexisten y son independientes del ser humano, quien puede aprenderlos utilizando la razón. En este punto se enfrenta a los sofistas, que eran maestros profesionales de retórica y oratoria, procedentes de diversas ciudades-Estado griegas. Para los sofistas, el bien y el mal no son conceptos objetivos, universales y absolutos, sino que son subjetivos, particulares y relativos. Por lo tanto, los valores morales son diferentes para cada persona e incluso pueden cambiar a cada momento, dependiendo de las circunstancias tanto del entorno como de las circunstancias psicológicas de cada uno.
Contra los sofistas, Sócrates argumenta que el origen de todas nuestras acciones es nuestro conocimiento del bien y del mal, de manera que, si sabemos que una acción es buena, la realizaremos y, si sabemos que es mala, no la haremos. Todo error en tales elecciones se debe a la ignorancia. Es decir, nadie a sabiendas elige hacer lo que es malo para él. Por lo tanto, para Sócrates, la virtud, esto es, la elección de acciones virtuosas o buenas, es un conocimiento, algo que se puede enseñar y aprender. Este pensamiento lo conocemos actualmente como intelectualismo moral socrático.
Por otro lado, Sócrates sostiene que la virtud trae siempre consigo la felicidad. Con esto quiere decir que uno puede tener salud, riqueza, belleza, etc., pero que si no tiene sabiduría o conocimiento para actuar debidamente con ellos, esos bienes se convierten en inútiles o, incluso, dañinos.
Ética platónica

El intelectualismo moral socrático es matizado por su discípulo Platón (427 a. C. – 347 a. C.), quien tiene como objetivo explicar la posibilidad manifiesta de que una persona actúe mal a sabiendas. Por eso a diferencia de su maestro Sócrates, reconoce cierto conflicto moral en el alma humana entre la razón, que tiene el conocimiento de bien y del mal, y los caprichosos e inestables apetitos, que nos empujan a realizar determinadas acciones aún cuando racionalmente sabemos que son malas para nosotros.
De hecho, Platón distingue en el alma humana tres tipos o partes: la racional, la irascible y la concupiscible. La racional, que Platón sitúa en la cabeza, es inmortal y es donde residen todos nuestros conocimientos. Esta es la que predomina en los hombres sabios y su virtud es la prudencia, es decir, la capacidad de distinguir entre el bien y el mal. La irascible, que Platón sitúa en el pecho, es mortal y es fuente de pasiones nobles. Esta es la que predomina en los hombres valientes y su virtud es la fortaleza, es decir, la capacidad para distinguir entre aquello a lo que debemos tener miedo y a lo que no. La concupiscible, que Platón sitúa en el bajo vientre, es mortal y es fuente de bajas pasiones. Esta es la que predomina en los hombres moderados y su virtud es la templanza, es decir, la capacidad para moderar los apetitos.
En la alegoría del carro alado, que relata en su obra Fedro, Platón argumenta que el bien moral consiste en una armonía entre las tres partes del alma, pero siempre desde el gobierno de la racional.

Eudemonismo aristotélico
Aristóteles (384 a. C. – 322 a. C.), discípulo de Platón, distingue entre tres tipos de saberes: los teóricos, los prácticos y los productivos. Los teóricos, como las matemáticas o la física, son aquellos que se ocupan de lo necesario, es decir, de lo que no puede ser de otra manera que como es, y su finalidad es el propio conocimiento. Los prácticos, como la ética o la política, son aquellos que se ocupan de lo contingente, es decir, de lo que puede ser de otra manera que como es, y su finalidad es la acción. Los productivos son los relativos a la creación, ya sea de poemas, zapatos, puentes, etc. Por lo tanto, para Aristóteles, la ética es un saber práctico, ya que es un conocimiento que versa sobre cómo debemos actuar para conseguir nuestro objetivo: ser felices.
Aristóteles defendía que las buenas acciones son las que proporcionan felicidad (en griego, εὐδαιμονία, eudaimonía) al ser humano, puesto que son aquellas para las que estamos más específicamente hechos. Por ejemplo, si bien todos podemos dormir, alimentarnos o desplazarnos de un lugar a otro, ninguna de esas acciones nos diferencia del resto de animales. En cambio, ningún otro animal puede actuar de forma consciente, racional o responsable, como cuando resolvemos un problema matemático, estudiamos la naturaleza o, simplemente, actuamos virtuosamente en sociedad. Y esto es porque, según Aristóteles, nuestra alma tiene la facultad o capacidad nutritiva (de alimentarse y crecer), como el resto de animales y plantas, así como la facultad sensitiva (de percibir y desplazarse de un lugar a otro) como el resto de animales. Pero solo los seres humanos tenemos, además, la facultad intelectiva, que nos permite el conocimiento intelectual y el ejercicio de nuestra voluntad o querer para elegir qué hacer en cada momento. Por eso el desarrollo de nuestra capacidad intelectual, la contemplación de nuestro propio conocimiento, sería lo que más felicidad nos puede aportar. Y, en segundo lugar, tratando bien a los demás, en la vida social.
La virtud, según Aristóteles, es la capacidad y aptitud humana de actuar bien: eligiendo en cada caso y circunstancia particular la acción más alejada de los extremos, que son ambos viciosos, uno por exceso y otro por defecto. Es decir, las acciones virtuosas, que, según Aristóteles, son agradables por sí mismas, independientemente de sus consecuencias, consistirían en un punto medio relativo a cada individuo en cada circunstancia. De entre todas las virtudes éticas, Aristóteles destaca tres: la justicia, la fortaleza y la templanza. Pero también señala una virtud dianoética, es decir, relativa a cómo actuar bien para resolver problemas intelectuales, como importante para la ética: la prudencia.
En todo caso, para Aristóteles, no se puede actuar virtuosamente si vivimos en unas circunstancias que no lo permitan. Por ello considera que, aunque la familia y la aldea ayudan al ser humano a sobrevivir, es necesario que exista un Estado, que es el que ha de velar por la vida buena y la felicidad de sus ciudadanos. Es decir, solo en el Estado, una forma de comunidad completamente autosuficiente, el ser humano puede alcanzar su máxima perfección y, por tanto, la felicidad.
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ÉTICAS MEDIEVALES
Ética agustiniana

Agustín de Hipona (354 – 430) sostiene que el ser humano tiene un impulso natural tanto para conocer a Dios como para amarle y estar con él, lo que nos proporcionaría felicidad. Pero, puesto que solo podemos encontrarnos con Dios en el más allá, para poder ser felices en el mundo terrenal tenemos que comportarnos de forma virtuosa. De hecho, Agustín argumenta que Dios nos ha dado el libre albedrío para que actuemos de forma correcta y así poder premiarnos por ello, ya que, si estuviésemos determinados a actuar bien, sería absurdo que nos premiase. No obstante, el libre albedrío también abre la posibilidad de que pequemos, es decir, de que actuemos en contra de sus designios, ante lo cual no puede sino castigarnos.
En todo caso, Agustín niega la existencia ontológica del mal. Él entiende, siguiendo a Platón, que solo existe el bien y que el mal, en sí mismo, no existe, sino que a lo que llamamos mal es a diferentes grados de carencia o ausencia de bien. Aparte de esto, Agustín llama «mal moral» al pecado, producto del libre albedrío, y «mal físico» al dolor, sufrimiento o enfermedad materiales, que son producto del mal moral. Es decir, el mal físico, que es solo aparente, sería una especie de somatización de la culpa por haber pecado.
Ética tomista

Según Tomás de Aquino (1225 – 1274), siguiendo el parecer de Aristóteles, el ser humano se diferencia del resto de los seres en que posee Entendimiento, lo que le permite conocer sus propias inclinaciones y actuar, haciendo uso de su libre albedrío, en busca de su finalidad natural: ser feliz. Así, a diferencia de otras criaturas, cuyas acciones están completamente determinadas, las acciones humanas no están totalmente sujetas a la Ley Eterna, esto es, la ley de Dios que rige los actos y movimientos en el mundo físico y biológico. Como apunta en la quinta vía de demostración de la existencia de Dios, la del ordenamiento a un fin, es necesario que este exista para conducir a su finalidad natural a todos los seres carentes de inteligencia. La manera de hacerlo sería mediante su Ley Eterna.
Pero el ser humano, al tener libre albedrío, no está completamente determinado por la Ley Eterna, sino que sus tendencias naturales de comportamiento son guiadas por la Ley Natural, la cual consiste en buscar el bien y evitar el mal. En tanto que substancia, los humanos hacen el bien preservando su existencia. En tanto que animales, hacen el bien procreando. Y, en tanto que propiamente humanos, hacen el bien con su desarrollo intelectual, buscando la verdad y conviviendo en sociedad.
Para actuar de manera correcta en sociedad y, con ello, alcanzar una felicidad temporal (solo en el mundo terrenal), Tomás apunta que es preciso cultivar las virtudes cardinales: la justicia, la templanza, la fortaleza y la prudencia. Pero, para además conseguir la beatitud, esto es, la felicidad eterna en el cielo, es esencial desarrollar las virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad.

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ÉTICAS MODERNAS
Emotivismo moral humeano

David Hume (1711 – 1776) critica al racionalismo moral, cuestionando la idea de que nuestros juicios morales son conocimientos que podemos alcanzar mediante la razón. Hume distingue dos tipos de conocimientos: las relaciones entre ideas y las cuestiones de hecho. Las relaciones entre ideas son juicios que expresan las conexiones que podemos hacer entre las ideas, como los propios de la lógica y las matemáticas, por lo que son siempre verdaderos y no dependen de la experiencia. Las cuestiones de hecho son juicios sobre los hechos del mundo, por lo que dependen de la experiencia y su verdad es contingente. El caso es que, según Hume, los juicios morales no son relaciones entre ideas, ya que en nada se parecen a los lógico-matemáticos: en ellos no aparecen relaciones lógicas ni de cantidad o número. Pero tampoco pueden ser cuestiones de hecho, ya que en el mundo no hay valores o, dicho de otra manera, la bondad y la maldad no son características de los hechos o cosas del mundo. Por lo tanto, Hume defiende que los juicios morales no son conocimientos.
La propuesta de Hume es que la moralidad está arraigada en los sentimientos, no en la razón, lo que se conoce como emotivismo moral. Los sentimientos son las fuerzas que nos impulsan a actuar, y según Hume, el sentimiento moral implica una aprobación o reprobación que experimentamos hacia ciertas acciones y sucesos que observamos. Es decir, al observar una acción que despierta en nosotros un sentimiento de rechazo es cuando tachamos esa acción como mala y, al observar un hecho que despierta en nosotros un sentimiento de agrado es cuando lo interpretamos como bueno. El bien y el mal no serían entonces más que conceptos que inventamos a partir de interpretaciones sentimentales y subjetivas del mundo.
Este sentimiento moral, según Hume, es natural y desinteresado. Natural en el sentido de que surge en los seres humanos no de forma artificial. Y desinteresado porque no podemos modificar los sentimientos que surgen en nosotros en base a nuestro propio interés o al de otras personas.
Ética formal kantiana

Immanuel Kant (1724 – 1804) desarrolla su postura ética, el formalismo, contraponiéndolo a las éticas materiales que habían existido hasta entonces. Para Kant, las éticas materiales son aquellas que determinan la bondad o maldad de una acción según las consecuencias de esta, por lo que sus normas o preceptos son particulares y contingentes. En su búsqueda de una ética universal y necesaria, Kant señala que es preciso fijarse en las acciones mismas. Según su ética formal, una acción es buena o mala en sí misma, independientemente de las consecuencias que se deriven de ella. Relacionando las acciones con el deber, Kant distingue las que hacemos por deber, las contrarias al deber y las conformes al deber. Las acciones éticamente correctas son únicamente aquellas que hacemos por deber, es decir, porque siguen el dictado que nuestra propia razón le da a nuestra voluntad, de manera que, si no lo seguimos, estaríamos actuando contra nuestra propia razón. Las acciones contrarias al deber son aquellas que no siguen nuestros principios racionales. Las acciones conformes al deber son las que siguen nuestros principios racionales, pero no por ellos mismos, es decir, no porque estamos convencidos de que debemos hacerlas, sino porque calculamos que sus consecuencias son más deseables para nosotros.
Por lo tanto, según Kant, las éticas materiales son heterónomas, esto es, siguen normas que vienen de fuera de nuestra propia razón (de otras personas o instituciones), mientras que la ética formal es autónoma: parte del mandato que nuestra propia razón le da a nuestra voluntad. Además, las éticas materiales siguen mandatos hipotéticos, esto es, prescriben órdenes condicionales, del tipo, si deseas esa consecuencia, debes realizar tal acción. Por su parte, la ética formal sigue un mandato o imperativo categórico, absoluto, que no depende de ninguna condición. Kant da tres formulaciones del imperativo categórico. Dos de ellas son versiones de la llamada Regla de oro, según la cual no debemos hacer a los demás lo que a nosotros no nos gustaría que nos hicieran. La tercera dice que no debemos tratar a otros seres humanos como medios para conseguir otra cosa más allá de ellos mismos, sino como fines en sí mismos.
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ÉTICAS CONTEMPORÁNEAS
Metaética nietzscheana
Friedrich Nietzsche (1844 – 1900) basó toda su reflexión filosófica en la crítica y destrucción de los valores morales imperantes en Occidente que, según él, tienen su origen en la cobardía de Sócrates y Platón. Nietzsche parte de una concepción de la vida, que recoge de Arthur Schopenhauer (1788 – 1860) e identifica en la Grecia clásica, según la cual esta es un constante devenir cruel, doloroso y sin sentido. Para hacerla llevadera, la sociedad griega clásica, apunta, trató de sublimarla en su cultura, sobre todo en sus dioses y sus obras teatrales, en las que aparecen dos figuras: Apolo y Dionisos. Apolo representaría la necesidad de ficción para poder sobrellevar la vida, mientras que Dionisos representaría el sinsentido, desenfreno y el crudo sufrimiento de la vida. Esta manera de afrontar la vida, al parecer de Nietzsche, es sana y propia de señores, pues no niega la dureza de la vida, al tiempo que reconoce que es necesario cierto grado de ficción para seguir adelante. No obstante, Sócrates y Platón no eran lo suficientemente fuertes como para aceptar la vida tal y como es, por lo que la negaron, construyendo un cuento apolíneo (el mundo de conceptos e ideas supraempírico e independiente de los seres humanos) con el que pretendieron dar un sentido absoluto a la existencia que realmente no tiene.
Ese estudio del mundo clásico le sirve a Nietzsche para distinguir dos tipos de fuerzas: las activas y las reactivas. Las fuerzas activas son las que dominan en las personas fuertes, capaces de aceptar y afrontar la vida en toda su crudeza, por lo que crean valores positivos sobre ella, construyendo así morales de señores. Las fuerzas reactivas son las que dominan en las personas débiles, cobardes, y que les llevan a crear valores negativos sobre la vida, construyendo así morales de esclavos. El caso es que, según Nietzsche, desde Sócrates y Platón y gracias al cristianismo, el pensamiento europeo ha estado dominado por una moral de esclavos, un cuento apolíneo que niega la vida y valora negativamente al ser humano, empequeñeciéndolo, haciéndolo sumiso e incapaz de reconocer su capacidad creadora de sentido.
No obstante, Nietzsche apunta que esa estructura moral dominante, cristalizada en el concepto de Dios, está en decadencia, se está derrumbando: Dios ha muerto. Y eso abre la posibilidad del surgimiento de un nuevo tipo de ser humano, el superhombre, que estaría dominado por fuerzas activas que le permiten crear nuevos valores y, con ello, una nueva moral de señores. Es decir, un nuevo sueño apolíneo, pero al estilo de los griegos anteriores a Sócrates, uno que no niegue la vida y que no impida reconocer al ser humano como creador de sentido. Este superhombre sería capaz de afrontar el eterno retorno de lo mismo, que es un pensamiento abismal de Nietzsche que sirve como propuesta moral: actúa de manera que lo que hagas lo quieras hacer una y otra vez, como si tu vida se fuera a repetir eternamente exactamente igual.

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Práctica

 

1.- Vea el siguiente vídeo y responda a este cuestionario.

2.- Vea el siguiente vídeo y responda a este cuestionario.

3.- Vea el siguiente vídeo y responda a este cuestionario.

4.- Lea atentamente estos textos y responda a las preguntas:
Se podría preguntar cómo un hombre que tiene recto juicio puede ser incontinente. Algunos dicen que ello es imposible, si se tiene conocimiento: pues, como Sócrates pensaba, sería absurdo que, existiendo el conocimiento, otra cosa lo dominara y arrastrara como a un esclavo. Sócrates, en efecto, combatía a ultranza esta teoría, y sostenía que no hay incontinencia, porque nadie obra contra lo mejor a sabiendas, sino por ignorancia.
Aristóteles. (2011). Ética a Nicómaco. Aristóteles. Tomo II. Gredos, p. 109.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Cómo es el alma, requeriría toda una larga y divina explicación; pero decir a qué se parece, es ya asunto humano y, por supuesto, más breve. Podríamos entonces decir que se parece a una fuerza que, como si hubieran nacido juntos, lleva a una yunta alada y a su auriga. Pues bien, los caballos y los aurigas de los dioses son todos ellos buenos, y buena su casta, la de los otros es mezclada. Por lo que a nosotros se refiere, hay, en primer lugar. un conductor que guía un tronco de caballos y, después, estos caballos de los cuales uno es bueno y hermoso, y está hecho de esos mismos elementos, y el otro de todo lo contrario, como también su origen. Necesariamente, pues, nos resultará difícil y duro su manejo. […] De esta manera, si vence la parte mejor de la mente, que conduce a una vida ordenada y a la filosofía, transcurre la existencia en felicidad y concordia, dueños de sí mismos, llenos de mesura, subyugando lo que engendra la maldad en el alma, y dejando en libertad a aquello en lo que lo excelente habita. […] Y ni la humana sensatez, ni la divina locura pueden otorgar al hombre un mayor bien. Pero si acaso escogieron un modo de vida menos noble y, en consecuencia, menos filosófico y más dado a los honores, bien podría ocurrir que, en estado de embriaguez o en algún momento de descuido, los caballos desenfrenados de ambos, cogiendo de improviso a las almas, las lleven juntamente allí donde se elige y se cumple lo que el vulgo considera la más feliz conquista. Y una vez cumplido, se atan a ello en lo sucesivo.
Platón & García, G. C. (1986). Fedro. Diálogos. Tomo III. Gredos, pp. 345, 365-366.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Es, por tanto, la virtud un modo de ser selectivo, siendo un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquello por lo que decidiría el hombre prudente. Es un medio entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto, y también por no alcanzar, en un caso, y sobrepasar, en otro, lo necesario en las pasiones y acciones, mientras que la virtud encuentra y elige el término medio. Por eso, de acuerdo con su entidad y con la definición que establece su esencia, la virtud es un término medio, pero, con respecto a lo mejor y al bien, es un extremo.
Sin embargo, no toda acción ni toda pasión admiten el término medio, pues hay algunas cuyo solo nombre implica la idea de perversidad, por ejemplo, la malignidad, la desvergüenza, la envidia; y entre las acciones, el adulterio, el robo y el homicidio. Pues todas estas cosas y otras semejantes se llaman así por ser malas en sí mismas, no por sus excesos ni por sus defectos. Por tanto, no es posible nunca acertar con ellas, sino que siempre se yerra. Y en relación con estas cosas, no hay problema de si está bien o mal hacerlas, por ejemplo, cometer adulterio con la mujer debida y cuando y como es debido, sino que el realizarlas es, en absoluto, erróneo.
Aristóteles. (2011). Ética a Nicómaco. Aristóteles. Tomo II. Gredos, p. 32.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

decir, por otra parte, que los pecados no son dignos de reprobación, es también un absurdo, porque comenzarían a ser glorificadas las malas acciones, relajaríase la actividad del espíritu humano y trastornaríase toda la vida del hombre. Y si vituperáramos lo que ha sido hecho según debía serlo, sería esto una execrable locura, o, dicho en términos más suaves, daría esto lugar a un lamentabilísimo error. Y si la recta razón obliga, como realmente así es, a reprobar el pecado, lo que con razón se reprueba, se reprueba precisamente porque no es como debía ser. Trata tú de ver qué es !o que debe la criatura pecadora, y verás que debe el obrar bien; trata de ver también a quién lo debe, y verás que es a Dios a quien lo debe; porque de aquel de quien ha recibido el poder obrar rectamente, si quisiere, ha recibido también el ser miserable, si obrare mal, y feliz, si obrare bien.
Agustín. (1946). Del libre albedrío. Obras completas de San Agustín III. Obras filosóficas, BAC, pp. 371-372.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

como todas las cosas que se encuentran sometidas a la divina providencia están reguladas y medidas por la ley eterna, según consta por lo ya dicho, es manifiesto que participan en cierto modo de la ley eterna, a saber, en la medida en que, bajo la impronta de esta ley, se ven impulsados a sus actos y fines propios. Por otra parte, la criatura racional se encuentra sometida a la divina providencia de una manera muy superior a las demás, porque participa de la providencia como tal, y es providente para sí misma y para las demás cosas. Por lo mismo, hay también en ella una participación de la razón eterna en virtud de la cual se encuentra naturalmente inclinada a los actos y fines debidos. Y esta participación de la ley eterna en la criatura racional es lo que se llama ley natural. […] el primer precepto de la ley es éste: «El bien ha de hacerse y buscarse; el mal ha de evitarse». Y sobre éste se fundan todos los demás preceptos de la ley natural, de suerte que cuanto se ha de hacer o evitar caerá bajo los preceptos de esta ley en la medida en que la razón práctica lo capte naturalmente como bien humano.
Tomás. (1993). Suma de teología. Vol. II, BAC, pp.710, 732.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Cuando se afirma que dos más tres es igual a la mitad de diez, entiendo perfectamente esta relación de igualdad. Concibo que si diez se divide en dos partes, de las cuales la una tiene tantas unidades como la otra, y que si cualquiera de estas partes es comparada con dos más tres, contendrá tantas unidades como ese número compuesto. Pero cuando, basándonos en esto, establecéis una comparación con las relaciones morales, confieso que soy totalmente incapaz de entenderos. Un acto moral, un crimen como la ingratitud, es un objeto complejo. ¿Consiste la moralidad en la relación que sus partes mantienen entre sí? ¿Cómo? ¿De qué manera? Especificad la relación; sed más precisos y explícitos en vuestras proposiciones, y fácilmente veréis su falsedad. […] La hipótesis que nosotros abrazamos es clara. Mantiene que la moralidad es determinada por el sentimiento. Define la virtud diciendo que es cualquier acción mental o cualidad que da al espectador un grato sentimiento de aprobación; y el vicio, lo contrario. Después procedemos a examinar una simple cuestión de hecho, a saber: qué acciones tienen esta influencia. Consideramos todas las circunstancias en las que estas acciones concuerdan y, a partir de ahí, tratamos de deducir algunas observaciones respecto a estos sentimientos. Si a esto lo llamáis metafísica y encontráis en ello algo abstruso, tendréis por fuerza que concluir que vuestra mentalidad no es la apropiada para las ciencias morales.
Hume, D. & Mellizo, C. (2014). David Hume. Investigación sobre los principios de la moral, Alianza, pp. 198-199.
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Todos los imperativos mandan hipotética o categóricamente. Los primeros representan la necesidad práctica de una acción posible como medio para conseguir alguna otra cosa que se quiere (o es posible que se quiera). El imperativo categórico sería el que representaría una acción como objetivamente necesaria por sí misma, sin referencia a ningún otro fin.
Como toda ley práctica representa una acción posible como buena y, por ello, como necesaria para un sujeto susceptible de verse determinado prácticamente por la razón, todos los imperativos constituyen fórmulas para determinar la acción que es necesaria según el principio de una voluntad buena de uno u otro modo. Si la acción fuese simplemente buena como medio para otra cosa, entonces el imperativo es hipotético, si se representa como buena en sí, o sea, como necesaria en una voluntad conforme de suyo con la razón, entonces es categórico.
Kant, I. (2012). Fundamentación para una metafísica de las costumbres, Alianza, 114-115.
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En mi recorrido por las numerosas morales, tanto las más sutiles como las más bastas, que hasta ahora han dominado o continúan dominando sobre la tierra, he observado rasgos regularmente recurrentes y recíprocamente entrelazados: hasta que por fin se me revelaron dos tipos fundamentales y se desprendió una diferencia fundamental. Existe una moral de señores y una moral de esclavos […] El hombre noble se separa de los seres en los que se expresa lo contrario de semejantes estados elevados y orgullosos: los desprecia. Nótese ya que en esta primera especie de moral, la oposición entre «bueno» y «malo» significa tanto como «noble» y «despreciable»: — la oposición entre «bueno» y «malvado» tiene otra procedencia. Es despreciado el cobarde, el miedoso, el mezquino, el que piensa en la estrecha utilidad; asimismo, el desconfiado con su servil mirada, el que se rebaja a sí mismo, la especie perruna de ser humano que se deja maltratar, el adulador mendicante, pero sobre todo el mentiroso: — es una creencia fundamental de todos los aristócratas que el pueblo común es mentiroso. […] La cosa es distinta con el segundo tipo de moral, la moral de esclavos. Suponiendo que los atropellados, los oprimidos, los dolientes, los encadenados, los inseguros y cansados de sí mismos moralicen: ¿cuál será el rasgo común de sus estimaciones de valor morales? Probablemente se ponga de manifiesto un recelo pesimista hacia la situación entera del ser humano, tal vez una condena del ser humano junto con la de su condición. La mirada del esclavo recela de las virtudes del poderoso: alberga escepticismo y desconfianza, la sutileza de la desconfianza contra todo lo «bueno» que allí es honrado —, él quiere convencerse a sí mismo de que incluso allí la felicidad no es auténtica. Por el contrario, las cualidades que sirven para aliviar la existencia del doliente son ensalzadas y colmadas de luz: aquí son honradas la compasión, la mano gentil y caritativa, el corazón cálido, la paciencia, la diligencia, la humildad, la amabilidad —, pues estas son aquí las cualidades más útiles y prácticamente los únicos medios para soportar la opresión de la existencia.
Nietzsche, F. W. (2016). Más allá del bien y del mal, §260. Obras completas. Volumen IV. Obras de Madurez II y Complementos, Tecnos, pp. 415-417.
  1. ¿Cuál es la pregunta que trata de responder este texto?
  2. Explique con sus palabras la tesis que se defiende en el texto.
  3. Muestre las ideas y la estructura argumental de que se sirve el autor para defender esa tesis.
  4. ¿Qué otra posible respuesta puede darse o se ha dado en la historia de la filosofía a la pregunta que trata de responder este texto? Dé al menos dos argumentos para apoyarla.

 

Artículo

 

Pasos para escribir un artículo filosófico (VI)
¿Cómo escribir el Desarrollo de un artículo?
Partiendo de la estructura básica plasmada en la Introducción, que siempre está sujeta a cambios, se pueden distinguir tres fases o pasos en la redacción del desarrollo de un artículo: la producción, la edición y la revisión.

 

La producción
En la producción se trata de poner por escrito todas las ideas referentes a cada apartado que queramos expresar, es decir, el contenido de nuestro pensamiento.
  • No hay que prestar atención a la corrección sintáctica ni ortográfica.
  • Se deben escribir unas 10 o 15 frases, no importa de qué tamaño.
  • Hay que seguir el orden lógico que tengamos en la cabeza. Luego habrá tiempo para reordenarlas.
  • Se pueden ir usando las notas de las fuentes consultadas, incluso introduciendo citas.
La edición
En la edición se trata de prestar atención a la forma de expresión de las ideas que ya hemos expuesto para hacerlas más claras y accesibles posible a nuestros lectores.
  • Hay que tener en cuenta que cada párrafo contiene un pequeño tema y cada frase u oración, una idea.
  • Hay que tener en cuenta que los párrafos también tienen una estructura interna:
    • Introducción:
      • en las primeras líneas de cada párrafo hay que decir de qué va y cómo se relaciona con el párrafo anterior. Por ejemplo:
        • oponer una idea con la vista en el párrafo anterior
        • ejemplificar lo dicho en el párrafo anterior
        • sacar una conclusión
        • deducir algo del párrafo anterior
        • profundizar en un aspecto del párrafo anterior
        • generalizar una idea del párrafo anterior
        • exponer la siguiente idea de una enumeración.
    • Desarrollo:
      • en el cuerpo del párrafo hay que exponer los argumentos, explicarlos, citar las fuentes y explicarlas para que se entienda qué tienen que ver o cómo ayudan a lo que estamos argumentando
        • hay que exponer los pros y los contras de cada argumento
        • los argumentos deben seguir una secuencia lógica.
      • Hay que tratar de explicar completamente todas nuestras ideas, sin dar nada por supuesto o entendido
      • hay que utilizar la primera persona del singular para expresar las propias ideas y la tercera persona para las ideas de otros autores.
      • hay que tratar de que la prosa sea clara, fluida y precisa:
        • es conveniente hacer frases cortas y simples (sujeto, verbo y predicado).
        • es conveniente evitar la concatenación de conjunciones, coordinaciones y subordinaciones.
        • es conveniente evitar las frases hechas.
        • respecto a la precisión:
          • hay que buscar las palabras exactas.
          • no hay que hacer oraciones imprecisas o vagas.
          • no hay que aportar datos sin especificar la fuente.
          • no se puede utilizar fuentes sin referenciar.
      • Hay que buscar la concisión y brevedad.
        • Es decir, hay que ir al grano y no contar cosas que no vienen a cuento o repetir varias veces de forma diferente lo ya dicho.
    • Conclusión:
      • al final de cada párrafo hay que hacer un breve resumen de lo argumentado en ese párrafo y exponer la conclusión a la que se ha llegado.
  • Una vez tengamos todos los párrafos escritos, hay que organizarlos de manera lógica. Es muy importante decidir la secuencia lógica de los párrafos para expresar claramente los argumentos que se quieren defender.
La revisión
Al revisar nuestro artículo tenemos que prestar atención a todos los posibles errores o desajustes que se nos hayan podido pasar por alto.
  • Hay que mirar de nuevo el orden tanto de las ideas como de los párrafos a través de los cuales exponemos nuestros argumentos.
  • Hay que fijarse en que:
    • no haya citas en la introducción ni en la conclusión del artículo
    • que no haya citas al final de ningún párrafo
    • que no haya citas sin referenciar o explicar
      • que nuestra interpretación sea fiel a lo que dicen los autores citados.
  • Hay que revisar la redacción en sus aspectos gramaticales y ortográficos.
  • Finalmente hay que preguntarse si en el artículo realmente se demuestra lo que se pretendía.

 

¿Cómo escribir la Conclusión del artículo?
La Conclusión de un artículo filosófico sirve para mostrar de qué manera los argumentos que se han dado en el Desarrollo demuestran la tesis que hemos aventurado en la Introducción. Para ello es preciso recoger las conclusiones parciales a las que se ha llegado en cada párrafo y en cada apartado.

 

¿Cuáles son los últimos pasos a dar antes de enviar nuestro artículo?
Antes de enviar el artículo a una revista debemos hacer otras dos cosas:
1. Redactar las partes del artículo que nos quedan:
    • Título: tiene que ser breve y lo suficientemente explicativo del tema que se va a tratar.
    • Resumen o abstract: expresar en pocas líneas el tema del artículo, qué se va a defender en él y de qué manera, utilizando qué recursos o fuentes.
    • Elegir las palabras clave: el conjunto de palabras que aparecen en nuestro artículo y que permitirían identificarlo y distinguirlo de los demás.
    • Referenciar bibliográficamente todas las fuentes que hemos utilizado para escribir nuestro artículo.
      • Hay que seguir las normas de citación y referenciación que nos diga la revista.
2. Formatear el artículo según los requisitos que haya indicado la revista:
    • Revisar el número de palabras (entre 2000 y 2500 en este caso).
    • Tipo y cuerpo de letra (por ejemplo Times New Roman 12 o Arial 11)
    • Tipo de interlineado (1,5 o doble)
    • Márgenes (por ejemplo, 2,5 cms a los lados y arriba y abajo)

 

Recursos

 

Bibliografía:
  • Abbagnano, N. (1994). Historia de la filosofía. Vol 1. Hora.
  • Abbagnano, N. (1994). Historia de la filosofía. Vol 2. Hora.
  • Abbagnano, N. (1994). Historia de la filosofía. Vol 3. Hora.
  • Agustín & Encuentra, O. A. (2010). Confesiones. Madrid: Gredos.
  • Agustín. (1946). Obras completas de San Agustín III. Obras filosóficas. Madrid: BAC.
  • Aristóteles & Candel, M. (2011). Aristóteles. Tomo I. Gredos.
  • Aristóteles. (2011). Aristóteles. Tomo II. Gredos.
  • Copleston, F. C. (2001). Historia de la filosofía I. Ariel.
  • Copleston, F. C. (1996). Historia de la filosofía IV. Ariel.
  • Copleston, F. C. (1993). Historia de la filosofía V. Ariel.
  • Copleston, F. C. (1993). Historia de la filosofía VI. Ariel.
  • Copleston, F. C. (1996). Historia de la filosofía VII. Ariel.
  • Guthrie, W. K. C. (1990). Historia de la filosofía griega IV. Gredos.
  • Guthrie, W. K. C. (1992). Historia de la filosofía griega V. Gredos.
  • Guthrie, W. K. C. (1993). Historia de la filosofía griega VI. Gredos.
  • Hume, D. (2012). David Hume. Madrid: Gredos.
  • Hume, D. & Mellizo, C. (2014). David Hume: Investigación sobre los principios de la moral. México: Alianza.
  • Hume, D. & Salas, O. J. (1988). Investigación sobre el conocimiento humano. Madrid: Alianza.
  • Jenofonte & Zaragoza, B. J. (1993). Recuerdos de Sócrates. Gredos.
  • Kant, I. & Ribas, P. (2005). Crítica de la razón pura. Madrid: Taurus.
  • Kant, I. (2012). Fundamentación para una metafísica de las costumbres. Madrid: Alianza.
  • Kant, I. & Granja, C. D. M. (2011). Crítica de la razón práctica. México D.F.: FCE.
  • Kant, I., Estiú, E. & Novacassa, L. (2004). Filosofía de la historia: qué es la Ilustración. La Plata: Terramar.
  • Kant, I., Truyol, . S. A. & Abellán, J. (1996). Sobre la paz perpetua. Madrid: Tecnos.
  • Platón & Calonge, R. J. (1982). Diálogos. Tomo I. Gredos.
  • Platón & Calonge, R. J. (1983). Diálogos. Tomo II. Gredos.
  • Platón & García, G. C. (1986). Diálogos. Tomo III. Gredos.
  • Platón & Eggers, L. C. (1988). Diálogos. Tomo IV. Gredos.
  • Platón & Vallejo, C. A. (1988). Diálogos. Tomo V. Gredos.
  • Platón & Lisi, F. L. (1992). Diálogos. Tomo VI. Gredos.
  • Reale, G. & Antiseri, D. (1988). Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo I. Herder.
  • Reale, G. & Antiseri, D. (1995). Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo II. Herder.
  • Reale, G. & Antiseri, D. (1988). Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo III. Herder.
  • Russell, B., Gómez, . S. J., Dorta, A., & Mosterín, J. (2004). Historia de la filosofía occidental. Espasa-Calpe.
  • Tomás. (2009). Suma de teología. Vol. I. Madrid: BAC.
  • Tomás. (1993). Suma de teología: Vol. II. Madrid: BAC.
  • Tomás. (1990). Suma de teología: Vol. III. Madrid: BAC.
  • Tomás. (1994). Suma de teología. Vol. IV. Madrid: BAC.
  • Tovar, A. (1984). Vida de Sócrates. Alianza.

 

Vídeos:

Argumentación

 

Posibles cuestiones del examen argumentativo:
1.- ¿Es posible alcanzar un conocimiento sobre lo que está bien y mal?
2.- ¿Hay valores morales objetivos y universales?

 

Elementos del texto argumentativo
  • Interpretación y contextualización de la cuestión
    • Maneras de entender o interpretar la pregunta. ¿A qué se refiere la pregunta? Algunos de los conceptos que aparecen en ella se pueden interpretar de diferentes maneras, por lo que se puede referir a muchas cosas. Así que hay que interpretarla, concretarla. En este punto hay que señalar los conceptos que admiten más de una interpretación y escribir cómo se reformularía la pregunta inicial dándole cada una de esas interpretaciones.
    • Implicaciones de tal o cual interpretación de la pregunta. De cada una de las interpretaciones que hemos dado de la pregunta inicial hay que decir qué consecuencias tendría planteárnoslas. Es decir, para qué serviría responder a cada una de esas interpretaciones.
    • Relevancia o importancia de tal o cual interpretación. Hay que decir cuál de las interpretaciones que se han dado de la pregunta inicial sería más interesante o importante, diciendo por qué. Y también por qué las otras no son tan relevantes y por qué.
    • Elección de una interpretación de la pregunta a la que dar respuesta. Aquí hay que decir que se elige dar respuesta a la interpretación que antes se ha dicho que es la más importante. Si se elige otra, sería incoherente, por lo que restaría puntos.
    • Problemas u otras cuestiones asociadas a la interpretación elegida. La interpretación que se ha elegido como la más importante da lugar a otras preguntas relacionadas con ella. Aquí hay que escribir alguna de esas otras preguntas.
  • Tesis (respuesta tentativa a la pregunta)
    • Postura que se va a defender en la disertación. Es decir, aquí hay que responder en una frase clara y concisa a la interpretación que se ha elegido.
  • Argumentos a favor de la tesis (al menos 2)
    • Explicación detallada de cada argumento. Deben ser argumentos que apoyen, sustenten, la tesis dada y deben de estar clara y suficientemente explicados. Se pueden poner ejemplos.
    • Se debe utilizar, al menos, una cita bien referenciada y explicada de una fuente fiable. Se pueden utilizar citas directas e indirectas.
  • Argumentos en contra de la tesis (al menos 2)
    • Explicación detallada de cada argumento. Deben ser argumentos que refuten, nieguen, la tesis dada y deben de estar clara y suficientemente explicados. Se pueden poner ejemplos.
    • Se debe utilizar, al menos, una cita bien referenciada y explicada de una fuente fiable. Se pueden utilizar citas directas e indirectas.
  • Valoración comentada de la potencia e importancia de los argumentos para apoyar o refutar la tesis. Aquí hay que decir qué tipo de argumentos, los a favor de la tesis o los en contra de la tesis, tienen más peso, son más razonables, argumentando por qué.
  • Conclusión
    • Explicación de si se reafirma en la tesis o se cambia de postura. Es decir, hay que explicitar si, dada la valoración hecha antes, se sigue estando de acuerdo con la tesis o si se ha cambiado de opinión porque han resultado más convincentes los argumentos en contra.
    • Consecuencias o implicaciones para el mundo actual de la postura adoptada. Aquí hay que decir qué pasaría o debería pasar en el mundo si es correcta la conclusión final a la que se ha llegado.