KARL MARX (1818 – 1883)
Biografía

Karl Marx nació en 1818 en Tréveris, una ciudad de Renania que pertenecía al reino de Prusia. Su padre, de origen judío, se había convertido al protestantismo y educó a su hijo en un ambiente liberal y crítico con el autoritarismo prusiano. El tiempo en que vivió Marx estuvo marcado por la Restauración, es decir, la reacción conservadora contra la Revolución francesa. En toda Europa se restablecieron el absolutismo, la aristocracia y las viejas tradiciones, frenando el avance del liberalismo. En Prusia la represión fue especialmente dura: el gobierno controlaba con una fuerte censura la prensa, perseguía a los intelectuales críticos y mantenía estructuras feudales casi intactas. La burguesía apenas tenía poder y la industria estaba poco desarrollada. Por eso, al principio, la oposición al régimen era sobre todo intelectual.
Dos movimientos destacaron en esa oposición: los escritores de la corriente llamada «Joven Alemania», como el poeta Heinrich Heine, y los filósofos de la Izquierda hegeliana, un grupo de discípulos críticos de Hegel. Ambos grupos se limitaban a publicar críticas teóricas en revistas de corta duración, pero hacia 1848 prácticamente habían desaparecido. Mientras tanto, las ideas socialistas tardaron en calar en Alemania: solo a partir de 1860 empezaron a difundirse entre los trabajadores, y en 1863 Ferdinand Lassalle fundó la primera gran asociación obrera alemana.
En este contexto se formó Marx. Estudió Derecho en Bonn y en Berlín, aunque pronto se orientó hacia la filosofía, convencido de que «sin un sistema filosófico no se puede entender nada». Se apasionó por Hegel, pero desde una perspectiva crítica, integrándose en el círculo de la izquierda hegeliana conocido como el «Club de los Doctores», animado por Bruno Bauer. En 1841 se doctoró en Jena con una tesis sobre el materialismo de Demócrito y Epicuro.
Ese mismo año Marx quedó fascinado por la obra de Ludwig Feuerbach La esencia del cristianismo, que combinaba materialismo y crítica de la religión. Poco después comenzó a colaborar en la Gaceta del Rin, un periódico liberal en el que escribió sobre problemas sociales concretos, como la pobreza de los viñadores de Mosela o el derecho a recoger leña en los bosques. Aun declarando que no era comunista, sus artículos mostraban ya una creciente preocupación por la cuestión social. La censura acabó prohibiendo el periódico, lo que obligó a Marx a exiliarse.
En 1843 se instaló en París, donde se relacionó con exiliados alemanes, socialistas y revolucionarios, y conoció a Friedrich Engels, que sería su colaborador inseparable. También trató a pensadores y activistas como Heine, Proudhon, Blanc o Bakunin. Expulsado de Francia, marchó a Bruselas, donde continuó su intensa actividad intelectual y política. En 1847 ingresó en la «Liga de los Comunistas» y, junto a Engels, redactó el Manifiesto del Partido Comunista (1848).
Ese mismo año estalló la Revolución de 1848, impulsada por sectores burgueses radicales que contaron con el apoyo del proletariado. El fracaso de la revolución provocó una dura reacción de los gobiernos europeos. Marx regresó a Alemania, dirigió en Colonia la Nueva Gaceta del Rin, y finalmente tuvo que exiliarse definitivamente a Londres en 1849.
En Londres, Marx conoció directamente la realidad del capitalismo industrial más desarrollado y trabajó durante años en la biblioteca del British Museum, a pesar de la pobreza y de sus frecuentes enfermedades. Fue uno de los fundadores de la Primera Internacional (1864), apoyó la Comuna de París (1871) y se convirtió en una referencia central del movimiento obrero europeo.
Marx murió en Londres el 14 de marzo de 1883. Su inseparable amigo Engels le sobrevivió hasta 1895, ocupándose de publicar los volúmenes póstumos de El Capital.
Basado en Tejedor Campomanes, C. (1986). Historia de la filosofía en su marco cultural (ed. COU). Madrid.
Obras
La primera obra importante de Marx es su tesis doctoral, titulada Diferencia entre la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro (1841). Aunque se trataba de un texto académico, en ella ya se vislumbra una preocupación que después recorrerá toda su obra: la libertad del ser humano frente a determinaciones externas. Marx analiza cómo entendían la naturaleza estos dos filósofos griegos, y muestra preferencia por Epicuro porque, frente al determinismo rígido de Demócrito, introduce la idea del «clinamen» o desviación impredecible del átomo. Esto, según Marx, abre un espacio para la libertad y la acción humana. Aunque se mueve todavía en el terreno filosófico, en esta obra ya se insinúa su futura crítica a las visiones que reducen al ser humano a un simple engranaje pasivo de las fuerzas externas.
En 1843 escribe en los Anales franco-alemanes textos de crítica política. Ese mismo año redacta la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, en la que cuestiona el modo en que Hegel justificaba el Estado moderno, especialmente el Estado prusiano. Según Marx, Hegel invertía la relación real: en lugar de partir de los individuos concretos y sus condiciones materiales de vida, ponía al Estado como principio supremo y casi absoluto. Para Marx, esa visión ocultaba la verdadera función del Estado, que era mantener las desigualdades y el dominio de una clase sobre otra. Ese mismo año escribe Sobre la cuestión judía, donde aborda el problema de la emancipación. Marx distingue entre emancipación política, que garantiza derechos formales como la igualdad ante la ley, y emancipación humana, que exige una transformación radical de las condiciones materiales de existencia. Su tesis es que los derechos políticos no bastan si no cambian las estructuras económicas que producen explotación.
En 1844, en París, redacta los Manuscritos económico-filosóficos. En ellos desarrolla una crítica al capitalismo en términos humanistas. Describe cómo el trabajador se encuentra alienado porque, en lugar de reconocerse en su actividad, se siente extraño a lo que produce. El fruto de su trabajo pertenece al capitalista, y el obrero queda reducido a una pieza en el proceso de producción. Marx sostiene que esta alienación no solo afecta al trabajo, sino también a la relación del ser humano con los demás y consigo mismo. Aquí aparece la idea central de que la economía capitalista deshumaniza.
En 1845, junto a Engels, escribe La sagrada familia, una obra dirigida contra los jóvenes hegelianos. Ambos critican que estos filósofos se quedaban en discusiones teóricas sobre la conciencia y la religión, sin atender a las verdaderas condiciones sociales y materiales que determinan la vida. Ese mismo año, Marx redacta las célebres Tesis sobre Feuerbach. En ellas se distancia de Ludwig Feuerbach, quien había criticado la religión como una proyección humana, pero seguía concibiendo al ser humano de manera abstracta. Marx insiste en que lo humano solo puede entenderse en su práctica social. La última tesis resume el espíritu de todo el texto: «los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo».
En 1846, Marx y Engels escriben La ideología alemana, que no se publicará en vida de Marx. En esta obra formulan su teoría del materialismo histórico. Afirman que no es la conciencia la que determina la vida, sino que son las condiciones materiales de producción las que determinan la conciencia. Las ideas, las religiones y las filosofías son parte de una superestructura que depende de la base económica. Este texto constituye el núcleo de su concepción de la historia como lucha de clases.
En 1847 publica Miseria de la filosofía, un libro contra Pierre-Joseph Proudhon. En él critica su intento de conciliar capital y trabajo a través de reformas económicas y un idealismo abstracto. Marx defiende que el capitalismo solo puede ser superado mediante una transformación revolucionaria, y subraya que la lucha de clases es el verdadero motor de la historia. En ese mismo año, Marx y Engels se integran en la Liga de los Comunistas y reciben el encargo de redactar un programa. El resultado es el Manifiesto comunista de 1848. Esta obra, escrita con un estilo apasionado y directo, comienza con la célebre frase «Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo». En ella exponen de manera sintética la visión histórica de la sociedad como lucha de clases, describen el ascenso de la burguesía y llaman a los proletarios de todo el mundo a unirse. El Manifiesto se convierte en uno de los textos políticos más influyentes de la historia contemporánea.
Tras el fracaso de las revoluciones de 1848, Marx se exilia en Londres. Allí dedica años al estudio de la economía política, investigando minuciosamente autores como Adam Smith o David Ricardo. El resultado preliminar de este trabajo es la Contribución a la crítica de la economía política (1859), donde introduce una idea fundamental: la estructura económica de la sociedad constituye la base sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política. Este texto es un anticipo del análisis que llevará a cabo en su gran obra.
Finalmente, en 1867 publica el primer volumen de El Capital, donde expone su crítica sistemática al capitalismo. En este libro analiza la mercancía, el valor, la plusvalía y los mecanismos de explotación propios del sistema. Sostiene que el capital se reproduce gracias a la apropiación del trabajo excedente de los obreros, lo que conduce a crisis periódicas y a una acumulación que tiende a concentrar la riqueza en pocas manos. Los volúmenes segundo y tercero de El Capital serán publicados tras su muerte por Engels, a partir de los manuscritos que dejó. Con esta obra, Marx pretende ofrecer una explicación científica del capitalismo y al mismo tiempo fundamentar la necesidad de su superación.
Su filosofía
Marx y el marxismo
Definir qué es el marxismo no es una tarea sencilla. Esto se debe a dos razones principales. Primero, el término «marxismo» tiene muchos significados distintos, lo que hace difícil dar una única respuesta clara. Segundo, no está claro qué debemos considerar como «marxismo». Podríamos incluir desde las ideas originales de Karl Marx hasta las interpretaciones más recientes de su obra, que han variado según los momentos históricos y los contextos geográficos, políticos y culturales. Por ello, es necesario empezar aclarando esta complejidad.
El marxismo está profundamente ligado a las ideas teóricas y a la acción política de Karl Marx. Para entender su pensamiento es útil recordar las tres fuentes principales que, según Lenin, influyeron en su obra: la filosofía clásica alemana, la economía política inglesa y el socialismo revolucionario francés. A estas influencias se suman la situación de los trabajadores en la sociedad industrial y los avances de las ciencias naturales. A partir de estas fuentes, podemos identificar tres significados principales del marxismo.
En primer lugar, el marxismo tiene un carácter «económico-sociológico». Esto significa que es una teoría que estudia la realidad social, especialmente la sociedad capitalista y su forma de producción. El marxismo critica la economía política y puede entenderse como una especie de «macrosociología», es decir, un análisis amplio de la sociedad. En última instancia, es una teoría sobre la historia. Así, el marxismo busca establecerse como una ciencia rigurosa.
En segundo lugar, el marxismo tiene un sentido «político». Es una práctica revolucionaria que busca transformar la estructura económica, política y social de la sociedad. Además, critica la alienación, es decir, la situación en la que las personas viven desconectadas de su verdadera naturaleza. Esta crítica se basa en una teoría sobre qué significa ser humano y cómo funciona la sociedad. El objetivo principal del marxismo, según esta perspectiva, es intervenir activamente en la historia para cambiarla. Marx expresó esta idea en su juventud con una frase poderosa: «los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diversas maneras; pero de lo que se trata es de transformarlo».
En tercer lugar, el marxismo tiene un significado «crítico-filosófico». Esto implica que cuestiona la filosofía, o al menos una cierta forma de entenderla. Marx quiso romper con las ideas filosóficas anteriores para comprender mejor la realidad, como escribió en una carta a su padre en 1837. Su crítica se dirige especialmente al idealismo de Hegel y al materialismo mecanicista de Ludwig Feuerbach. Si entendemos la filosofía como la concebían los pensadores anteriores, el marxismo no sería una filosofía, sino una crítica que busca superar esa forma de pensar. Sin embargo, esto no significa que el marxismo no tenga elementos filosóficos. De hecho, incluye una ontología, es decir, una reflexión sobre la existencia y la naturaleza de las cosas. En resumen, el marxismo es una «concepción del mundo» que busca aclarar racionalmente cómo los seres humanos se relacionan con el mundo y con su propia cultura.
Además de la pregunta sobre qué es el marxismo, surge otra: qué debemos considerar como marxismo. En primer lugar, podemos hablar del marxismo como la obra de Karl Marx. Según Engels, en su libro Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, el marxismo está ligado principalmente al nombre de Marx, ya que fue él quien desarrolló las ideas más importantes de esta corriente. Sin Marx, el marxismo no sería lo que es hoy.
También podemos considerar como marxismo la obra de Marx junto con la de Engels. Este último intentó organizar y completar las ideas de Marx, desarrollando una teoría no solo sobre la sociedad y la historia, sino también sobre la naturaleza. A esto se le llama «materialismo dialéctico».
Por último, el marxismo incluye interpretaciones más recientes. Por ejemplo, lo que se conoce como «escolástica soviética», que surge a partir de las ideas de Lenin, o las diferentes «lecturas» modernas del marxismo. Entre estas están la interpretación «científico-estructural» de Althusser, la visión existencialista de Sartre, que ve el marxismo como una «antropología de la revolución», según Habermas en Teoría y praxis, o la perspectiva de la Escuela de Frankfurt, que lo entiende como una «teoría crítica de la sociedad». También destacan las reflexiones de autores como Lukács, Bloch y Gramsci, quienes reinterpretaron el marxismo de manera original.
La crítica de Marx al idealismo hegeliano
El ajuste de cuentas que Marx realiza con la conciencia filosófica tiene como interlocutor principal a Hegel. Esto se debe, en primer lugar, a que Hegel representa la forma más madura y ejemplar de la filosofía entendida como mera interpretación de la realidad. Al mismo tiempo, su pensamiento contiene los elementos que hacen posible una transformación radical de la filosofía. En segundo lugar, porque en Hegel se consuma teórica e ideológicamente la concepción cristiano-burguesa del mundo. El derrumbe del sistema hegeliano, provocado por sus propias contradicciones y por su incapacidad para dar respuesta a un nuevo orden social, significaría también el derrumbe de esa concepción cristiano-burguesa de la realidad.
Una de las frases más conocidas y reveladoras de Hegel es la que aparece en el prólogo de los Principios de la filosofía del Derecho, según la cual lo racional es real y lo real es racional. En esta afirmación se condensa toda una teoría de la realidad. El punto de partida de la crítica de Marx a Hegel se sitúa precisamente en este concepto hegeliano de realidad. La frase puede interpretarse de un modo dogmático y conservador, y desde esa interpretación Hegel vendría a sostener, por un lado, que la realidad es de naturaleza racional. La razón, la Idea o el Espíritu constituyen la esencia de lo real, de modo que la realidad puede reducirse en último término al pensamiento. Las distintas formas de la realidad no serían más que manifestaciones del Espíritu, tal como se desarrolla en su obra Fenomenología del Espíritu. Por otro lado, esta concepción implica que todo lo real es racional y satisface las exigencias de la razón. En consecuencia, también la realidad social y política existente, tal como está organizada de hecho, sería racional. La frase encierra así una tesis ontológica idealista, según la cual la realidad es esencialmente razón o idea, y al mismo tiempo puede servir para justificar un determinado orden social y político.
Esta tesis ontológica está estrechamente relacionada con el que Engels considera el problema central de toda la filosofía moderna, el problema de la relación entre el pensar y el ser. Desde la interpretación idealista, esta relación se resuelve afirmando que el pensamiento, la razón o la idea determinan y gobiernan la realidad. En el límite, el ser no sería más que un producto del pensar y podría reducirse completamente a él. En esta relación, el pensamiento aparece como sujeto y la realidad como objeto, de modo que el objeto no es más que una expresión o manifestación del sujeto.
En este contexto cobra sentido otra afirmación fundamental de Hegel, según la cual lo verdadero no debe concebirse solo como sustancia, sino también como sujeto. La unión de esta tesis ontológica y de la tesis epistemológica muestra con claridad que, para Hegel, la totalidad de lo real solo es plenamente real en cuanto forma del sujeto, de la razón o del Espíritu. Los objetos no poseen consistencia ni sentido por sí mismos, sino únicamente como momentos del todo. De ahí la afirmación hegeliana de que lo verdadero es el todo. Pero dado que el todo se reduce al Espíritu, lo verdadero es el sujeto como Espíritu. La totalidad de lo real, es decir, el Absoluto, es Espíritu, y solo lo espiritual es verdaderamente real.
De este modo, la realidad aparece como un sistema racional cerrado y completo. Todo lo real forma una unidad acabada y plenamente racional. Esta concepción permite comprender los rasgos fundamentales del idealismo hegeliano, frente al cual Marx va a posicionarse críticamente. En síntesis, el idealismo hegeliano afirma que la realidad es razón o Espíritu, que el Espíritu como sujeto determina las distintas formas de la realidad, incluida la naturaleza, y que la realidad constituye un sistema racional en el que el Absoluto se identifica con la Idea o el Espíritu.
Esta teoría de la realidad tiene importantes consecuencias. En primer lugar, en lo que se refiere a la naturaleza humana, el hombre es entendido esencialmente como razón o como espíritu. Marx expresa esta idea señalando que, para Hegel, la esencia humana se identifica con la autoconciencia. En segundo lugar, la historia es interpretada como un proceso regido por el Espíritu, que actúa como sujeto de la historia y la orienta hacia la realización progresiva de la libertad, entendida como libertad espiritual. Desde esta perspectiva, la historia aparece como una acción ficticia de sujetos igualmente ficticios. El Estado es el lugar en el que esa libertad se realiza y se concreta, ya que es la encarnación del Espíritu y la culminación de la Idea. En tercer lugar, esta concepción tiene consecuencias políticas claras. La organización social y política de la época de Hegel aparece como plenamente racional, de modo que el orden existente coincide con la razón y con la verdad. Sin embargo, Marx objeta que la existencia del proletariado desmiente esta supuesta racionalidad. El proletariado representa la negación misma de la razón, ya que su situación no permite la realización de las capacidades humanas, sino todo lo contrario. Así, lo que se presenta como la realidad de la razón y de la libertad se revela en realidad como injusticia, falsedad y esclavitud. De este modo, el significado político del marxismo está íntimamente ligado a su dimensión crítica y filosófica. En cuarto lugar, Marx critica también la concepción hegeliana del saber y de la filosofía. Para Hegel, la filosofía es una reflexión puramente teórica que se limita a interpretar la realidad cuando esta ya se ha desarrollado plenamente. La filosofía llega siempre tarde y se limita a reproducir en el pensamiento lo que ya existe. Entendida así, la filosofía es para Marx una forma de ideología, o incluso el marco general en el que se expresan las distintas ideologías que contribuyen a justificar un orden social determinado. Frente a ello, el marxismo propone la superación de la filosofía entendida como mera teoría y defiende que el saber no es solo ni principalmente contemplación, sino praxis.
No obstante, la filosofía de Hegel presenta una profunda ambigüedad. La frase según la cual lo racional es real y lo real es racional puede tener también un sentido crítico y transformador. Engels señala que, para Hegel, no todo lo que existe es real en sentido pleno. Aquello que no responde a las exigencias de la razón debe ser transformado para dar lugar a una realidad más racional. Esta interpretación dinámica y revolucionaria se apoya en la concepción dialéctica de la realidad, entendida como un proceso y no como un conjunto de cosas acabadas. Aquí se encuentra, según Engels, el lado verdaderamente revolucionario de la filosofía hegeliana, la idea de que el mundo debe entenderse como un conjunto de procesos en constante transformación.
Por esta razón, la filosofía de Hegel permitió lecturas muy distintas, como ocurrió históricamente con la derecha y la izquierda hegelianas. Quienes subrayaban el sistema tendían a posiciones conservadoras en religión y política, mientras que quienes destacaban el método dialéctico podían adoptar posturas críticas y radicales. Marx rechazará de manera tajante el idealismo hegeliano y su concepción sistemática de la realidad. Sin embargo, valorará positivamente la estructura dinámica y contradictoria de la dialéctica hegeliana, que considera uno de los grandes logros de Hegel, al entenderla como un principio motor y generador de la realidad.
La crítica de Marx al materialismo de Ludwig Feuerbach
Frente a cualquier interpretación idealista de la realidad, el marxismo defiende una concepción materialista de lo real. Según Engels, el materialismo es una concepción general del mundo basada en una determinada interpretación de la relación entre el espíritu y la materia. Para el materialismo, lo único verdaderamente real es la naturaleza. La naturaleza existe con independencia de toda filosofía y constituye la base sobre la que han surgido y se han desarrollado los seres humanos, que son también productos naturales. Fuera de la naturaleza y del hombre no existe nada, y los seres superiores creados por la imaginación religiosa no son más que reflejos fantásticos del propio ser humano.
Como ya se ha señalado, Ludwig Feuerbach, crítico de Hegel, se consideraba a sí mismo un filósofo materialista. La publicación de su obra La esencia del cristianismo supuso una liberación respecto del idealismo hegeliano y fue recibida con entusiasmo. Sin embargo, este entusiasmo fue breve. El materialismo de Feuerbach pronto mostró sus límites y tuvo que ser criticado por Marx y Engels. Esta crítica se centra en tres aspectos fundamentales: su manera de entender el materialismo, su modo de criticar filosóficamente el idealismo y el idealismo encubierto que permanece en su pensamiento debido a una interpretación deficiente del materialismo y a una crítica insuficiente de la alienación religiosa y de la filosofía hegeliana.
En primer lugar, el materialismo de Feuerbach es un materialismo mecanicista, heredero del materialismo del siglo XVIII. La naturaleza se explica únicamente mediante causas mecánicas. En segundo lugar, este materialismo es incapaz de concebir la realidad como un proceso histórico. La materia aparece sometida a un movimiento que produce siempre los mismos resultados, como una repetición constante de lo idéntico. En tercer lugar, el ser humano, entendido como un ser natural y sensible, es concebido como un objeto pasivo, no como un ser práctico y activo. Se trata, por tanto, de un materialismo contemplativo, que no concibe lo sensible como actividad práctica.
Estas limitaciones quedan claramente expresadas en la primera de las Tesis sobre Feuerbach, donde Marx afirma que el defecto fundamental de todo el materialismo anterior, incluido el de Feuerbach, consiste en concebir la realidad sensible solo como objeto de contemplación y no como actividad humana práctica. Feuerbach aspira a objetos sensibles reales, pero no concibe la actividad humana misma como una actividad objetiva. De este modo, solo considera verdaderamente humano el comportamiento teórico, y no la praxis.
Además de estas limitaciones, el materialismo de Feuerbach presenta una grave insuficiencia teórica en su crítica del idealismo hegeliano. Engels señala que, aunque la escuela hegeliana se había disuelto, la filosofía de Hegel no había sido verdaderamente superada de forma crítica. Feuerbach se limitó a rechazar el sistema hegeliano y a dejarlo de lado, pero esto no era suficiente. Para superar una filosofía tan influyente como la de Hegel, no bastaba con declararla falsa. Era necesario destruir críticamente su forma, conservando al mismo tiempo los contenidos válidos que había aportado. La crítica marxista a Feuerbach muestra así la importancia que el marxismo concede a un análisis teórico riguroso.
Esta deficiencia se observa claramente en la crítica que Feuerbach realiza de la alienación religiosa. Feuerbach parte del hecho de la autoalienación religiosa, por la cual el mundo natural y sensible se duplica en un mundo religioso separado. Su crítica consiste en reducir el mundo religioso al mundo terrenal, considerando que este último contiene la base de aquella proyección. Sin embargo, con esta reducción la crítica se agota, ya que lo único que se logra es trasladar la religión al ámbito de la inmanencia, conservando intacto el sentimiento religioso. De este modo, la crítica se da por concluida prematuramente.
Para Marx, en cambio, la verdadera crítica ni siquiera ha comenzado en ese punto. El hecho de que el mundo terrenal se separe de sí mismo y se proyecte como un mundo religioso independiente solo puede explicarse por las contradicciones internas y el desgarramiento de ese mundo terrenal. Por ello, no basta con comprender teóricamente estas contradicciones, sino que es necesario transformarlas de manera práctica y revolucionaria. La crítica debe ser, por tanto, una práctica revolucionaria, pero esta solo es posible si está fundada en una comprensión teórica previa.
La comprensión teórica marxista se caracteriza por ser genética e histórica, ya que analiza los procesos mediante los cuales se produce lo que aparece como algo dado, autónomo e independiente. También es relacional y dialéctica, porque atiende a las relaciones sociales ocultas que estructuran la realidad. El materialismo de Feuerbach se encuentra muy alejado de este tipo de análisis, ya que excluye la historia y la dialéctica. Marx afirma que, cuando Feuerbach es materialista, no tiene en cuenta la historia, y cuando considera la historia, deja de ser materialista. En su pensamiento, materialismo e historia aparecen completamente separados.
Esta exclusión de la historia, junto con la conservación del sentimiento religioso y la concepción abstracta de la esencia humana, muestra que el materialismo de Feuerbach es, en último término, una forma de idealismo. Se trata de un idealismo metodológico, porque abstrae al ser humano de sus relaciones sociales e históricas, y también de un idealismo antropológico, porque concibe la esencia humana como un género abstracto. El hombre aparece así como un individuo aislado, separado de un mundo real históricamente determinado, y por tanto como un ser irreal. Además, la esencia humana se piensa como una generalidad interna que no se identifica con ningún individuo concreto, sino como una idea abstracta de hombre.
Este idealismo latente se manifiesta de forma clara en la manera en que Feuerbach conserva la religión, ahora reinterpretada como la relación del hombre consigo mismo o con su esencia genérica. Al centrar su atención en la naturaleza humana en abstracto, Feuerbach presta escasa atención al orden social y político real. Marx sostiene, en cambio, que solo la vinculación de la filosofía con la política puede permitir que la filosofía se convierta en verdad efectiva.
Por todo ello, tanto el idealismo hegeliano como el materialismo de Feuerbach deben ser superados. Frente a la tendencia de la filosofía a convertir el mundo en un objeto puramente teórico, el marxismo propone mundanizar la filosofía, es decir, insertarla en la realidad histórica y social concreta y orientarla hacia la transformación práctica del mundo.
El ser humano para Marx
La concepción de Marx sobre qué es el ser humano se puede explicar en cinco ideas fundamentales. La primera idea es que el hombre es un ser natural humano. Esto significa que tiene características propias de la naturaleza, como ser activo, capaz de actuar y cambiar su entorno. Sin embargo, también es pasivo porque tiene necesidades que debe satisfacer y, al ser corpóreo y sensible, está conectado con los objetos reales de la naturaleza. Además, el hombre mismo es un objeto para otros seres o realidades. Esto lo convierte en un ser completamente natural, lo que Marx llama el naturalismo del hombre. Él lo explica en un pasaje algo denso de sus Manuscritos: un ser que no tiene su naturaleza fuera de sí no es natural, no forma parte de la naturaleza. Un ser sin objetos externos no es objetivo. Un ser que no es objeto para otro no actúa de manera objetiva, y un ser no objetivo es un no ser, algo absurdo. Como ser natural humano, el hombre no tiene una naturaleza fija desde el principio. En cambio, se construye a sí mismo a través de su vida y se comprende mientras se va haciendo humano. Marx dice que la historia es como el nacimiento consciente del hombre. En sus palabras, la historia es la verdadera Historia Natural del hombre, un proceso donde la naturaleza se transforma en humanidad.
La segunda idea es que la esencia del hombre está en la producción, entendida como una actividad práctica que crea cosas. Marx prefiere el término producción al de trabajo. Esta actividad es lo que distingue al hombre de los animales. No es la religión, como pensaba Feuerbach, ni la autoconciencia, como decía Hegel. Como defiende en La Ideología alemana, el hombre se diferencia de los animales cuando empieza a producir lo que necesita para vivir, como comida o herramientas. La producción, o praxis, es el núcleo no solo del ser humano, sino de toda la realidad. Esta actividad se refleja en todas las facetas de la vida del hombre. Por ejemplo, a través de la producción, el hombre se relaciona con el mundo y la realidad. También, mediante la producción, desarrolla su existencia en la historia, que es un proceso práctico y real. Además, la producción da forma a toda la vida social. Marx señala en Tesis sobre Feuerbach que toda vida social es esencialmente práctica. La producción también es la base para entender el conocimiento, la verdad y el valor de las teorías. Según Marx, saber si el pensamiento humano es verdadero no es una cuestión teórica, sino práctica. Por último, la producción resuelve tanto problemas reales como cuestiones falsas. Estas soluciones no son solo técnicas, sino también teóricas. En la práctica, el hombre demuestra la verdad y el poder de su pensamiento. Los misterios que llevan al misticismo se resuelven racionalmente en la práctica humana y en su comprensión .
La tercera idea es que el hombre no solo es sociable, sino que solo puede existir y desarrollarse dentro de la sociedad. Esto va en contra de pensadores como Hobbes o Rousseau, que consideran al individuo aparte de la sociedad. Para Marx (Prólogo a Contribución a la crítica de la economía política), el ser individual del hombre depende de la sociedad. A la manera aristotélica, él lo describe como un zoon politikon, un animal político en el sentido más literal. El hombre no es solo sociable, sino que necesita la sociedad para ser quien es.
La cuarta idea, que podemos encontrar en La ideología alemana, es que la naturaleza del hombre está en producir su propia vida. Esta producción lo define en dos relaciones. Por un lado, está su relación con la naturaleza, que es una relación natural. Por otro, está su relación con otros hombres y con la sociedad, que es una relación social. Marx explica que el ser de los hombres es su proceso de vida real.
La quinta idea, que resume las anteriores, es que la esencia del hombre es el conjunto de las relaciones sociales en las que vive.
Estas cinco ideas muestran dos aspectos importantes. Primero, la naturaleza del hombre explica las tres primeras ideas, lo que lleva a que su alienación surge de una estructura histórica, económica y social específica. Segundo, el hombre es un sujeto único y fundamental, pero también es relacional y un resultado. Esto significa que el hombre es el producto de las relaciones sociales en las que está inmerso. Estas ideas, especialmente la última, plantean el significado del humanismo marxista. También abren la pregunta de cómo explicar la sociedad y la historia científicamente, que es el problema del materialismo histórico, su teoría científica de la historia. Por lo tanto, el humanismo marxista y el materialismo histórico están muy conectados.
El humanismo marxista
El término humanismo ha tenido a lo largo de la historia significados muy diversos. Dentro del marxismo pueden distinguirse claramente tres sentidos diferentes en los que se ha hablado de humanismo.
En primer lugar, el marxismo puede entenderse como un humanismo porque desarrolla una crítica radical de la alienación del ser humano y lucha contra ella. Esta crítica tiene como objetivo poner fin a la explotación del hombre, evitar su reducción a una cosa y superar todo aquello que lo deshumaniza. El marxismo persigue así la liberación del ser humano y defiende valores como la libertad, la racionalidad y la condición personal del hombre. Desde este punto de vista, el marxismo continúa el ideal de hombre propio del racionalismo ilustrado.
En segundo lugar, el marxismo puede considerarse humanista en la medida en que niega la existencia de un ser distinto y superior a la naturaleza y al propio hombre. Al hacerlo, afirma la autonomía y el carácter fundamental del ser humano. El hombre, entendido como un ser natural y humano, es quien realiza plenamente sus propias posibilidades y quien desarrolla y culmina la naturaleza. En este sentido, Marx habla de un naturalismo realizado que se identifica con el humanismo. Por ello, el humanismo marxista parte de la negación de Dios y del ateísmo, y afirma la primacía, suficiencia y autonomía del ser humano.
En tercer lugar, el marxismo puede considerarse humanista cuando Marx sostiene, al menos en algunas de sus obras, que el hombre es el principio de la sociedad y el sujeto de la historia. Desde esta perspectiva, el hombre se convierte en el principio teórico y explicativo tanto de la concepción del mundo como de la teoría de la historia. Este tipo de humanismo puede denominarse humanismo epistemológico, ya que el hombre, suponiendo que exista algo así como una esencia humana, actúa como fundamento científico de la explicación histórica.
Sin embargo, este último sentido de humanismo plantea serias dificultades. Por un lado, el hombre es el conjunto de las relaciones sociales y se constituye a partir de ellas. Puede entenderse, por tanto, como el resultado de un complejo social que, aunque no lo determine por completo, sí lo configura y contribuye a explicarlo. Por otro lado, si el hombre es resultado de ese entramado de relaciones, resulta problemático que pueda funcionar como principio teórico y científico para explicar la sociedad y la historia.
Desde esta concepción epistemológica del humanismo, el filósofo marxista francés Louis Althusser ha negado que el marxismo sea un humanismo y que pueda hablarse de un humanismo socialista. Según Althusser, el concepto de humanismo es un concepto ideológico, mientras que el concepto de socialismo pertenece al ámbito científico. En relación con la explicación científica de la historia, sostiene que no es posible elaborar una teoría verdaderamente científica si se parte del concepto filosófico de hombre. Por ello afirma que, desde un punto de vista estrictamente teórico, debe hablarse de un antihumanismo teórico en Marx. Solo es posible conocer algo acerca del hombre si se elimina el mito filosófico del hombre. Este antihumanismo teórico no niega, sin embargo, la existencia histórica del humanismo.
En conclusión, el problema del humanismo marxista sigue siendo una cuestión abierta y discutida dentro del pensamiento filosófico.
La alienación
Si el concepto de hombre cambia, es lógico que también cambie el concepto de alienación. En Hegel, la alienación se entiende como un proceso del Espíritu infinito, que se exterioriza en la Naturaleza y se objetiva en las cosas. Esta alienación solo se supera cuando el Espíritu regresa a sí mismo mediante la autoconciencia. Sin embargo, Marx critica esta solución porque considera que, de ese modo, se pierde la realidad del mundo y se vuelve a una abstracción inicial, alejándose de las condiciones concretas de la existencia humana.
Por su parte, Feuerbach concibe la alienación únicamente como alienación religiosa. Según él, el hombre proyecta su esencia en Dios y se separa de sí mismo. Marx considera insuficiente esta explicación, ya que Feuerbach no advirtió que no basta con reducir la religión a su base terrenal. El problema, según Marx, es que esa base terrenal está desgarrada y en contradicción consigo misma, y es precisamente este conflicto interno el que explica que el mundo humano se separe de sí y se eleve a un ámbito religioso independiente. Por ello, la verdadera tarea no es solo criticar la religión, sino eliminar las contradicciones sociales que empujan al hombre a alienarse religiosamente.
Desde esta perspectiva, Marx sostiene que el problema de la alienación debe trasladarse a su terreno real. El ateísmo, entendido como simple negación de Dios, pierde su sentido, ya que se limita a afirmar al hombre de manera abstracta. El socialismo, en cambio, no necesita esa mediación, porque aborda directamente las condiciones materiales que producen la alienación. Por esta razón, la tarea de la filosofía ya no consiste en criticar el cielo, sino en criticar la tierra. La crítica de la religión se transforma en crítica del Derecho, y la crítica de la teología se convierte en crítica de la política.
En los Manuscritos económico-filosóficos, Marx centra su análisis en la alienación del trabajador dentro de la sociedad capitalista. El trabajo debería ser el ámbito en el que el ser humano se realiza plenamente, pero bajo las condiciones del trabajo asalariado ocurre lo contrario. El trabajo se convierte en una fuente de alienación que se manifiesta en cuatro dimensiones fundamentales.
En primer lugar, el trabajador se aliena respecto al producto de su trabajo. El producto es la objetivación de su actividad, pero al convertirse en capital de otros aparece ante él como algo extraño y como un poder independiente que no posee ni controla. Cuanto más produce el trabajador, menos puede disfrutar de lo que produce y más sometido queda al dominio de su propio producto, es decir, del capital.
En segundo lugar, el trabajador se aliena respecto a su propia actividad. El trabajo no le pertenece, sino que pertenece a otro. Cuando trabaja, no se pertenece a sí mismo, sino que está al servicio de intereses ajenos. De este modo, el trabajo lo separa de su propia esencia. Marx describe aquí la paradoja del trabajo alienado: en lugar de afirmarse, el trabajador se niega a sí mismo; en lugar de sentirse feliz, se siente desgraciado. No desarrolla libremente sus capacidades físicas y espirituales, sino que mortifica su cuerpo y empobrece su espíritu. Por eso, el trabajador solo se siente verdaderamente él mismo fuera del trabajo, mientras que en el trabajo se siente ajeno a sí. El trabajo no es voluntario, sino forzado, y no satisface una necesidad humana, sino que es únicamente un medio para satisfacer necesidades externas al trabajo. Como consecuencia, el ser humano solo se siente libre en sus funciones más básicas, como comer, beber o reproducirse, mientras que en sus funciones propiamente humanas se siente degradado. Así, lo animal se convierte en lo humano y lo humano en lo animal.
En tercer lugar, el trabajador se aliena respecto a la naturaleza. En lugar de aparecer como el cuerpo inorgánico del hombre, es decir, como el ámbito natural en el que el ser humano se realiza, la naturaleza se presenta como algo ajeno, como una propiedad que no le pertenece.
En cuarto lugar, el trabajador se aliena respecto a los otros hombres. A diferencia de los animales, el ser humano puede trabajar para los demás y para la transformación del mundo en beneficio de toda la humanidad. Sin embargo, en el trabajo alienado se rompe la relación tanto con la naturaleza como con los otros seres humanos. Cada individuo trabaja para sí mismo, y el otro aparece únicamente como un extraño al que pertenecen el trabajo y el producto del trabajo.
Por lo tanto la alienación básica y fundamental es la alienación del trabajo, también llamada alienación económica. Esta es la forma de alienación más profunda y estructural de la sociedad capitalista y del modo de producción capitalista, tal como ha sido analizado y justificado por la Economía Política clásica. Marx realiza una crítica teórica de esta Economía Política, a la que considera ideológica en la medida en que oculta la alienación esencial del trabajo y, con ello, la alienación económica que afecta al trabajador.
El carácter radical de la alienación económica da lugar a otras formas de alienación derivadas, como la alienación social y la alienación política. La alienación social surge de la división de la sociedad en clases, mientras que la alienación política aparece a partir de la separación entre la sociedad civil y el Estado. Ambas formas de alienación están estrechamente relacionadas con la alienación económica y dependen de ella. Además, generan un conjunto de representaciones ideológicas que tienden a justificar la situación económica real y a ocultar su carácter alienante.
Estas formas de alienación, económica, social y política, se prolongan y culminan en dos manifestaciones finales que completan la situación alienada de la existencia humana y de la conciencia ideológica que la acompaña. Se trata de la alienación religiosa y de la alienación filosófica. Según Marx, la religión y el modo de existencia religioso no forman parte esencial del ser humano. Por el contrario, la religión está estrechamente vinculada a la organización económica, social y política de la sociedad, a la que contribuye a justificar y estabilizar desde el punto de vista ideológico. La liberación que la religión promete no se realiza en este mundo ni mediante la transformación real de la estructura social.
Por ello, la religión aparece como un modo de existencia intrínsecamente falseado, una forma de alienación que introduce una división permanente en el ser humano. Sus rasgos característicos son la resignación, la justificación trascendente de la injusticia social y la promesa de una compensación en el más allá frente a una sociedad opresiva en este mundo. Al igual que Feuerbach, Marx considera que la religión es una proyección del ser humano. Sin embargo, a diferencia de Feuerbach, sitúa la raíz de la religión no en un sentimiento religioso universal, sino en la miseria y el desgarramiento de la vida social.
La crítica marxista de la religión tiene, por tanto, un sentido principalmente social y político, ya que se centra en la función ideológica que la religión desempeña dentro de la estructura y la dinámica de la sociedad. Además, la concepción marxista de la naturaleza humana hace que la pregunta por Dios pierda sentido. Cuando la esencia del hombre se manifiesta de manera práctica y sensible en su relación con la naturaleza, resulta imposible plantear de forma coherente la existencia de un ser extraño situado por encima de la naturaleza y del propio ser humano. Según Marx, la transformación práctica de las condiciones materiales de vida, especialmente las condiciones socioeconómicas, conduciría a la desaparición de la religión y de la supuesta dimensión religiosa del hombre.
En lo que respecta a la filosofía, entendida como un conjunto de ideas y representaciones, Marx también la considera una forma de alienación con una fuerte función ideológica. Esto se debe a dos razones fundamentales. En primer lugar, la filosofía se limita a interpretar la realidad en lugar de transformarla. En segundo lugar, esa interpretación es falsa, como muestra la crítica marxista tanto al idealismo como al materialismo mecanicista.
Finalmente, Marx concluye que la propiedad privada no es la causa del trabajo alienado, sino su consecuencia, o lo que es lo mismo, la realización plena de la alienación. Por ello, solo el comunismo, entendido como la supresión de la propiedad privada y del capital, puede hacer posible la superación de todas las formas de alienación y la verdadera humanización del hombre. Para que esto ocurra, debe desaparecer el predominio del tener, de modo que el ser humano pueda liberar plenamente sus sentidos físicos y espirituales y relacionarse con las cosas por lo que son, y no simplemente por poseerlas. En una sociedad auténticamente humana, las relaciones no se basarían en el intercambio interesado, sino en vínculos propiamente humanos, como el amor o la confianza.
Marx critica el comunismo que denomina grosero o primitivo, propio de algunos de sus contemporáneos. Este tipo de comunismo se basa en la envidia generalizada y en el deseo de igualar a todos por abajo, no suprimiendo realmente la propiedad privada, sino extendiéndola de forma general y haciendo que todos compartan la condición del obrero. Frente a esto, el comunismo marxista se concibe como el resultado inevitable de las contradicciones internas del capitalismo y se resume en el principio de que cada persona debe aportar según su capacidad y recibir según sus necesidades.
En las obras posteriores de Marx, el término alienación desaparece de manera explícita. Sin embargo, esto no significa que el concepto sea abandonado. En La ideología alemana, Marx y Engels intentan eliminar la terminología filosófica de origen idealista, pero la idea de alienación sigue presente bajo otros términos, como el de exterioridad. Más adelante, el propio Engels reconocerá que en ese intento de depuración del lenguaje filosófico quizá fueron demasiado lejos.
La ideología
El marxismo se propuso llevar a cabo una clarificación crítica y racional de la conciencia, con el fin de poner término a la confusión y al oscurecimiento con los que el ser humano vive su relación con la realidad. Esta clarificación afecta al conjunto de ideas y representaciones que una persona o una clase social tienen acerca de sí mismas, de su lugar en el mundo y de su papel en la historia. A este conjunto de ideas puede llamársele ideología en un sentido muy general, entendida como un sistema de representaciones, ya sean imágenes, mitos, ideas o conceptos, que poseen una existencia y una función histórica dentro de una sociedad concreta. En este sentido amplio, la ideología es un elemento necesario de la vida humana y social, ya que toda acción humana debe pasar previamente por la conciencia.
Sin embargo, dado que la ideología expresa la relación del ser humano con su mundo y con su existencia social e histórica, esas representaciones pueden reflejar dicha relación de manera verdadera o, por el contrario, de forma falsa. Cuando la ideología ofrece una imagen deformada de la realidad, el término adquiere un significado más preciso y restringido. En este caso, ideología designa un conjunto de ideas confusas o sublimadas que presentan una visión falseada y falsificadora de la realidad y de las condiciones en las que se desarrolla la vida humana.
Desde esta concepción, el marxismo sostiene al menos tres tesis fundamentales sobre la ideología. En primer lugar, lo que piensan los seres humanos es un producto de la sociedad en la que viven. La conciencia, entendida como el conjunto de ideas y representaciones, es un producto social y funciona como el lenguaje de la vida real. En segundo lugar, la ideología tiene un sentido primordialmente negativo, en cuanto que consiste en ideas falsas o deformadoras de la realidad. Marx afirma que en toda ideología los hombres y sus relaciones aparecen invertidos, como si se reflejaran en una cámara oscura. En tercer lugar, los contenidos ideológicos de la conciencia, como la religión, la moral o la política, no tienen una sustantividad propia ni una historia independiente, aunque la conciencia ideológica tienda a considerar las ideas como realidades autónomas, con un desarrollo propio y sometidas únicamente a sus propias leyes. En realidad, las formas ideológicas de la conciencia cumplen la función de ocultar, deformar, sublimar o sustituir, de manera imaginativa o conceptual, una situación real de la existencia social e histórica de los hombres, que el marxismo define como una situación de alienación.
La crítica marxista de la conciencia ideológica surge de la necesidad de criticar esa situación de alienación del ser humano. Esta crítica debe ser teórica, y el conocimiento que de ella se deriva constituye un cuerpo teórico que permite comprender las estructuras y las leyes de la sociedad y de la historia. Investigar las causas que se reflejan en la conciencia humana, ya sea de manera clara o confusa, directa o bajo formas ideológicas e incluso divinizadas, es el único camino para descubrir las leyes que rigen el desarrollo histórico en su conjunto.
La clarificación racional y el conocimiento de la conciencia ideologizada y de la existencia alienada son, por tanto, condiciones necesarias para superar tanto la ideología como la alienación. La teoría resulta imprescindible, pero no es suficiente por sí sola. La crítica debe ser también práctica. De hecho, una teoría verdadera no puede dejar de ser práctica, ya que nace de la praxis y constituye ella misma una forma de producción, la producción teórica. Por su propio origen y naturaleza, la teoría está destinada a realizarse, completarse y verificarse en la práctica.
El materialismo dialéctico
La dialéctica marxista
En su sentido teórico y crítico-filosófico, el marxismo desarrolla su concepción de la realidad a través de una crítica radical tanto del idealismo como del materialismo mecanicista. Esta crítica no consiste en un simple eclecticismo ni en una combinación de ambos enfoques, sino en una superación dialéctica que permite una reexposición original y propia de la realidad. Marx denomina a esta posición “el naturalismo realizado o humanismo”, expresando con ello la relación originaria entre la naturaleza y la actividad productiva, es decir, el trabajo entendido como expresión del ser humano. Esta concepción se distingue del idealismo y del materialismo, y al mismo tiempo los unifica teóricamente, integrando los elementos válidos de ambos sin caer en su reduccionismo. De esta manera da a luz una nueva ciencia de la Historia: el materialismo dialéctico.
La dialéctica marxiana plantea varias cuestiones de interpretación importantes. En primer lugar, cuándo comienza Marx a utilizar la dialéctica. La evidencia sugiere que Marx es un pensador dialéctico desde sus primeros escritos y no solo a partir de 1858. En segundo lugar, la relación entre la dialéctica de Marx y la de Hegel. Marx describe su método dialéctico como una inversión de la dialéctica hegeliana. Mientras Hegel considera que el proceso del pensamiento, al que llama Idea, es el motor de la realidad y que lo real no es más que la forma en que la Idea se manifiesta, Marx sostiene que lo ideal es simplemente lo material traducido en la conciencia de los hombres. Para Marx, la dialéctica de Hegel era mística y estaba invertida, pero bajo esa apariencia contenía una semilla racional que él buscó poner de pie y aclarar. Mientras que la dialéctica hegeliana parecía justificar y transfigurar lo existente, la dialéctica de Marx es esencialmente crítica y revolucionaria, capaz de captar la realidad en su movimiento y transformación, sin ignorar su carácter perecedero.
La dialéctica marxiana no trata de la Idea, sino de la realidad material y de su transformación activa, es decir, revolucionaria, no de su mera justificación o transfiguración. Interpretarla requiere reconocer que, a diferencia de Hegel, cuya dialéctica sirve a la constitución de un sistema cerrado y total, la dialéctica de Marx es abierta e inacabada. La categoría central no es la totalidad absoluta, sino la contradicción, porque la historia y la realidad están siempre en proceso, y no existe un sistema final que explique todo. La dialéctica no pretende justificar la realidad, sino analizar sus transformaciones y las contradicciones que la impulsan.
La dialéctica en Marx tiene una doble significación basada en las tres leyes de la dialéctica formuladas por Engels en la obra Dialéctica de la naturaleza. La primera ley, la conversión de la cantidad en cualidad y viceversa, no implica oposición de contrarios y por tanto no es estrictamente dialéctica. Las otras dos leyes sí implican oposición: la compenetración de los opuestos y la negación de la negación, aunque la forma de oposición que utilizan es distinta a la hegeliana. Esto da lugar a dos tipos de dialéctica presentes en Marx. Por una parte, la dialéctica de la reciprocidad se aplica a la economía y es posterior en Marx. Se basa en la compenetración de los opuestos y tiene un carácter dual, como un péndulo, donde dos términos se relacionan y condicionan mutuamente sin engendrar un tercero. Esta dialéctica muestra que los aspectos de la realidad no pueden separarse, sino que deben entenderse en su oposición y acción recíproca. Por ejemplo, las categorías económicas históricas no deben considerarse abstractas o inmutables, sino en relación histórica concreta, como ocurre con la estructura y la superestructura de la sociedad. Por otra parte, la dialéctica del movimiento es el método principal para interpretar la historia y todos sus procesos. Se inspira en la ley de la negación de la negación y tiene un carácter triádico, parecido a una espiral. Cada momento histórico genera contradicciones que provocan antagonismos y luchas de clases, y de estas contradicciones surge un salto adelante, lo que permite ver la historia como un continuo devenir, en contraposición a las visiones que consideran la historia como algo natural, inevitable o meramente evolutivo.
Desde la dialéctica del movimiento se entiende que la realidad no necesita necesariamente de una mediación previa para existir. No todo lo que parece inmediato es en realidad el resultado de un proceso intermediario. Esto se aplica de manera especial a la naturaleza, que no es producto de algo anterior distinto a ella, como sostendría el idealismo, sino que es originaria, inmediata y existe por sí misma tanto ontológica como históricamente. La naturaleza no depende de ninguna idea o fuerza espiritual; su existencia es independiente y constituye la base de toda realidad material.
Otro concepto fundamental para entender la dialéctica del movimiento es el de totalidad, que Marx entiende de forma distinta a Hegel. Para Marx, la totalidad no es la totalidad del pensamiento ni del espíritu, ni un todo racional o espiritual, sino la totalidad material y social que surge de la producción de la vida y de la organización de la sociedad de clases y que conforma una tesis. Esta totalidad no es uniforme ni armoniosa, sino que incluye, como se ha apuntado, contradicciones internas, llamadas negatividad, que conforman su antítesis. La contradicción no es un simple concepto lógico, sino que es real, presente en la estructura misma de la realidad. La superación de una contradicción, conocida como negación de la negación, no es solo una negación abstracta o un proceso de pensamiento, sino la transformación concreta del orden real contradictorio, dando lugar a una nueva estructura y a un nuevo orden.
Por lo tanto, la superación de la contradicción, o Aufhebung, no significa destruir o aniquilar el objeto real, ni limitarse a un proceso mental de reflexión. Implica una actividad transformadora que modifica la realidad concreta, estableciendo una nueva forma de organización material, una síntesis de los dos momentos anteriores. La realidad, según Marx, es dialéctica porque está en constante movimiento y transformación, y esta dialéctica es material. Decir que la dialéctica es material significa que sus procesos se aplican al mundo real y no solo a las ideas, y su sentido depende de la comprensión que tengamos del materialismo, es decir, de reconocer que la base de la realidad es material y no espiritual.
El materialismo marxista
El materialismo de Marx no consiste en afirmar de manera simple que todo es materia. Marx no fue un filósofo metafísico que hiciera afirmaciones abstractas de ese tipo. Su materialismo tiene un sentido polémico y práctico, ya que surge como oposición tanto al idealismo de Hegel como al materialismo clásico. Frente al idealismo hegeliano, Marx defiende la prioridad del ser sobre el pensamiento, una postura en la que coincide plenamente con Feuerbach.
Engels explicó que el problema fundamental de la filosofía moderna es la relación entre el pensar y el ser, entre el espíritu y la naturaleza, y la cuestión central consiste en determinar cuál de los dos es primero. Cuando se afirma la prioridad del pensamiento sobre el ser se adopta una posición idealista, mientras que cuando se afirma la prioridad del ser sobre el pensamiento se defiende una posición materialista, que es también una forma de realismo. Feuerbach defendió claramente esta segunda postura al sostener que el ser es el sujeto y el pensamiento su predicado, ya que el pensamiento procede del ser y no al revés. Desde esta perspectiva, Feuerbach acusó a Hegel de vaciar al ser de realidad al hacerlo depender del pensamiento, y de convertir al ser humano en un puro espíritu en lugar de entenderlo como un ser real, sensible y concreto. En este punto, Marx se muestra de acuerdo con Feuerbach.
Sin embargo, Marx también critica el materialismo clásico, representado por autores como Demócrito, los materialistas franceses del siglo XVIII y algunos pensadores contemporáneos suyos. A este materialismo le reprocha ser abstracto y mecanicista, ya que reduce la materia a leyes puramente mecánicas, un enfoque que ya había sido superado por las ciencias del siglo XIX. Además, carece de una concepción dialéctica e histórica de la realidad. No obstante, la crítica más importante de Marx se dirige al propio Feuerbach, al que reprocha concebir la realidad únicamente como objeto de contemplación. Si el pensamiento es solo un reflejo pasivo de la realidad, el ser humano queda reducido a un espectador pasivo y se rompe la unidad entre el hombre y la naturaleza.
Frente a esto, Marx afirma que la naturaleza existe independientemente del pensamiento, pero también sostiene que no puede separarse de la actividad humana. El ser humano no es un sujeto contemplativo, sino un ser activo que transforma la naturaleza mediante su trabajo. La naturaleza real es, por tanto, la naturaleza transformada por el hombre y situada dentro del proceso histórico. Feuerbach no supo ver que el mundo que nos rodea no es algo dado desde siempre, sino el resultado histórico de la acción transformadora de generaciones humanas.
El concepto clave que permite a Marx superar la oposición entre idealismo y materialismo clásico es el concepto de praxis, entendida como actividad práctica y trabajo. Gracias a la praxis, Marx desplaza el problema a un terreno nuevo. Por eso su materialismo tiene un carácter particular y ha sido definido también como realismo o incluso como humanismo, sobre todo en sus primeros escritos. Para Marx, lo real es el mundo humanizado por el trabajo humano, y las oposiciones tradicionales entre sujeto y objeto, espíritu y materia, actividad y pasividad dejan de ser contrarias. Estas oposiciones solo pueden resolverse de manera práctica, mediante la acción humana, y no exclusivamente a través del conocimiento teórico. En este punto, Engels se distancia de Marx al desarrollar un materialismo dialéctico centrado en la naturaleza como algo independiente del ser humano.
El materialismo de Marx implica negar la autonomía de las ideas respecto a las condiciones materiales de la existencia humana, así como reconocer el carácter histórico y dialéctico de esa base material. Esta concepción se expresa de manera especialmente clara en el materialismo histórico, que Engels definió como la interpretación de la historia que sitúa la causa principal de los grandes acontecimientos históricos en el desarrollo económico de la sociedad, en los cambios en los modos de producción, en la división de la sociedad en clases y en la lucha entre esas clases. Engels consideró este enfoque como uno de los mayores descubrimientos científicos de Marx, junto con la teoría de la plusvalía.
El materialismo histórico no es una teoría filosófica en sentido estricto, sino una teoría sociológica con pretensión científica y base empírica. Aparece formulado por primera vez en La ideología alemana y alcanza su expresión definitiva en la Contribución a la crítica de la economía política. En esta obra, Marx explica que los seres humanos, al producir su vida material, establecen relaciones necesarias e independientes de su voluntad. Estas relaciones de producción corresponden a un determinado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y constituyen la estructura económica de la sociedad, que es la base real sobre la que se levanta una superestructura jurídica, política e ideológica. El modo de producción de la vida material condiciona la vida social, política e intelectual, de modo que no es la conciencia la que determina la realidad, sino la realidad social la que determina la conciencia.
A lo largo de su desarrollo, las fuerzas productivas entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, que pasan de ser formas de desarrollo a convertirse en obstáculos. Este conflicto da lugar a una etapa de revolución social, en la que los cambios en la base económica provocan transformaciones en la superestructura. Es importante distinguir entre los cambios materiales en las condiciones económicas, que pueden analizarse científicamente, y las formas ideológicas mediante las cuales los seres humanos toman conciencia de esos conflictos y tratan de resolverlos.
La estructura económica está formada por las relaciones de producción, que dependen de la posición de los individuos respecto a las fuerzas productivas y se expresan jurídicamente como relaciones de propiedad. En el capitalismo, la burguesía posee los medios de producción, mientras que el trabajador solo dispone de su fuerza de trabajo. Las fuerzas productivas incluyen el trabajo humano y los medios de producción, y se desarrollan dentro del marco establecido por las relaciones de producción.
La estructura económica condiciona la superestructura ideológica, formada por las ideas, valores y representaciones dominantes en una sociedad. La ideología dominante en cada época es la de la clase dominante y tiende a justificar el orden económico existente. Esta relación entre estructura y superestructura ha dado lugar a muchos malentendidos. Marx y Engels sostienen que la realidad social condiciona la conciencia, pero no de manera mecánica ni exclusiva. Existe una acción recíproca entre ambas, aunque la estructura económica ejerce una influencia más fuerte. Engels reconoció que él y Marx insistieron especialmente en el factor económico para contrarrestar a quienes lo ignoraban, lo que pudo dar lugar a interpretaciones simplificadoras.
El conflicto social surge cuando las fuerzas productivas ya no encajan en las relaciones de producción existentes y se ven frenadas por ellas. Esto conduce a una revolución social que transforma también la superestructura ideológica. Por esta razón, Marx pensó que el desarrollo del capitalismo llevaría necesariamente a la superación de la sociedad burguesa y de la propiedad privada.
En conclusión, para Marx la historia no está guiada por la razón de manera abstracta, como pensaba Hegel, sino principalmente por el desarrollo de las fuerzas productivas, especialmente por el trabajo humano. El verdadero protagonista de la historia es el ser humano trabajador. Sin embargo, el avance histórico se produce a través de contradicciones y luchas, en las que la conciencia de clase desempeña un papel relevante, aunque no decisivo.
Conceptos fundamentales del materialismo dialéctico
En la concepción marxista de la historia como proceso real de producción pueden distinguirse, como se ha señalado, varios conceptos fundamentales que están estrechamente relacionados entre sí. En primer lugar, las fuerzas productivas designan la capacidad real de producción de los seres humanos. Incluyen el trabajo humano entendido como actividad productiva efectiva y expresan el grado de desarrollo alcanzado por la capacidad de los hombres para producir los bienes necesarios para su existencia.
Junto a ellas aparecen las relaciones de producción, que hacen referencia a las relaciones sociales que se establecen entre quienes poseen los medios de producción y quienes realizan directamente el trabajo en un proceso productivo concreto. Estas relaciones determinan la forma en que se organiza la producción en una sociedad y dependen del modo en que están distribuidos la propiedad y el control de los medios de producción.
Las fuerzas productivas y las relaciones de producción forman conjuntamente la estructura económica o infraestructura. Esta estructura constituye el fundamento sobre el que descansa todo el proceso de producción social y condiciona, en última instancia, el resto de aspectos de la vida social. A partir de esta base económica se desarrolla también la producción ideológica, es decir, aquello que Marx denomina superestructura.
La superestructura comprende el conjunto de ideas, representaciones y valores que configuran la conciencia social, así como las estructuras jurídicas y políticas que surgen de la base económica y que sirven para organizar y mantener el funcionamiento de la sociedad. Estas formas jurídicas, políticas e ideológicas no son independientes, sino que están vinculadas a la infraestructura y cumplen una función en su conservación o transformación.
Otro concepto clave es el de modo de producción, que no se limita únicamente a la estructura económica, sino que se refiere a la totalidad social en su conjunto. El modo de producción abarca tanto la base económica como los niveles jurídico-político e ideológico, considerados como dimensiones interrelacionadas de una misma realidad social.
La integración de todos estos elementos da lugar a lo que Marx denomina una formación social. Este concepto designa una totalidad social concreta, históricamente determinada, en la que se articulan de manera específica una estructura económica, una estructura jurídico-política y una estructura ideológica. Cada formación social presenta una organización propia de estos elementos según el momento histórico en el que se desarrolla.
Finalmente, el concepto de revolución social expresa el proceso mediante el cual se destruyen y transforman unas determinadas relaciones de producción cuando estas se convierten en un obstáculo para el desarrollo de las fuerzas productivas. Esta transformación de la base económica conlleva necesariamente una profunda subversión de la superestructura, afectando a las formas jurídicas, políticas e ideológicas de la sociedad.
Tesis de la concepción materialista de la historia
La concepción materialista de la historia puede resumirse en tres tesis fundamentales que permiten comprender cómo entiende Marx el desarrollo histórico. En primer lugar, el factor decisivo de la historia es la relación entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. La historia no es, en último término, una sucesión de ideas o de decisiones puramente intelectuales, sino el proceso real mediante el cual los seres humanos producen materialmente su vida. El motor de este proceso histórico es la contradicción que surge entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción existentes. Esta contradicción se manifiesta socialmente como lucha de clases, de modo que la historia de las sociedades conocidas hasta hoy puede entenderse como la historia de los conflictos entre clases enfrentadas.
En segundo lugar, la historia se configura a partir de una relación específica entre la infraestructura económica y la superestructura. Frente a una interpretación simplificadora que sostendría que el fundamento económico determina de manera directa y mecánica todo el proceso histórico y que la superestructura sería un simple reflejo automático de la infraestructura, el marxismo afirma que existe una relación dialéctica entre ambas. Esto significa que hay una acción recíproca entre la base económica y las formas jurídicas, políticas e ideológicas, aunque la infraestructura desempeña, en última instancia, el papel decisivo como principio de explicación. Por ello, reducir el marxismo a la afirmación de que el factor económico es el único determinante de la historia supone vaciar su contenido y convertirlo en una fórmula abstracta y sin sentido.
En tercer lugar, la historia se orienta hacia la desaparición de las clases sociales y la instauración de una sociedad comunista. Esta sociedad sin clases representa el fin al que tiende el proceso histórico y cuya llegada se vería acelerada por la acción del proletariado. Con la superación de la sociedad de clases desaparecerían también las distintas formas de alienación y se haría posible la plena realización del ser humano. A partir de esta idea, algunos autores han interpretado el marxismo como una especie de metafísica de la historia o, al menos, como una concepción que incluye una fuerte dimensión utópica. Pero la utopía, en este contexto, no tiene un sentido negativo ni irreal. Al contrario, desempeña un papel central en la concepción marxista del mundo. Algunos pensadores marxistas han llegado a considerar la utopía y la esperanza como dimensiones constitutivas del ser humano. La esperanza no se reduce a una actitud subjetiva, sino que se orienta hacia la realización de una existencia plenamente presente, sin separación entre el sujeto y su mundo. La utopía concreta no pretende mantener una distancia eterna respecto a la realidad, sino que aspira a transformar el presente para hacerlo coincidir con aquello que todavía no existe, pero que puede llegar a ser. De este modo, la utopía no huye del mundo real, sino que impulsa su transformación.
Basado en Tejedor Campomanes, C. (1986). Historia de la filosofía en su marco cultural (ed. COU). Madrid y en Navarro Cordón, J. M., & Calvo Martínez, T. (1988). Historia de la filosofía. Madrid.
Apuntes para clase

LA FILOSOFÍA CLÁSICA ALEMANA
CRÍTICA AL IDEALISMO DE GEORG WILHELM FRIEDRICH HEGEL
- el concepto de realidad hegeliano
- para Hegel “lo que es racional es real y lo que es real es racional”: la razón es la esencia de la realidad, por lo que ésta es reductible a la razón de dos formas:
- la realidad (incluyendo la social y política) es Razón, es racional [así justifica el orden social en que vive: construcción del Estado prusiano]
- la Razón, como sujeto, origina, rige y determina los diferentes objetos de la realidad, conformando un sistema
- consecuencias del concepto hegeliano de realidad
- para Hegel la Historia está regida por la Razón, desarrollando progresivamente la libertad, cuya consumación es el Estado, y permitiendo la plena realización del hombre
- para Hegel la esencia o naturaleza del ser humano es la autoconciencia
- para Hegel el saber y la filosofía son teorías y especulaciones que tienen lugar cuando la realidad ya ha cumplido y terminado su proceso de formación
- Marx contra Hegel
- Marx rechaza el idealismo hegeliano: la acción de la Razón en la Historia es una acción imaginaria de sujetos imaginarios. Le opondrá su materialismo
- Para Marx la existencia del proletariado (falsedad, injusticia, esclavitud) niega la razón
- Marx propondrá la superación de la filosofía (a la que considera ideología) y la mostración de que el saber no es primordialmente teoría, sino praxis
- Marx con Hegel
- la dialéctica es el único método capaz de demostrar una ley del desarrollo social
- la base de todo cambio es su necesidad o “inevitabilidad”
- la fuerza impulsora del cambio social es la lucha dialéctica (para Marx entre clases sociales) y el factor determinante es el poder (para Marx el poder económico)
- la dialéctica es el único método capaz de demostrar una ley del desarrollo social
- para Hegel “lo que es racional es real y lo que es real es racional”: la razón es la esencia de la realidad, por lo que ésta es reductible a la razón de dos formas:
CRÍTICA AL MATERIALISMO DE LUDWIG FEUERBACH
- características del materialismo de Feuerbach
- es un materialismo mecanicista: la naturaleza se explica por medio de causas mecánicas
- el movimiento de la realidad material consiste en la perpetua repetición de lo mismo
- el hombre es un ser tan solo contemplativo
- Marx contra Feuerbach
- el materialismo no es mecanicista, sino dialéctico (lucha)
- la Historia no es repetitiva, sino que hay un desarrollo histórico
- el hombre no es solo contemplativo, sino también sensorial, práctico
LA POLÍTICA REVOLUCIONARIA FRANCESA Y SU SOCIALISMO. LA TRANSFORMACIÓN DE LA REALIDAD SOCIAL
EL HUMANISMO MARXISTA
- triple significado:
- en tanto critica la alienación y cosificación del hombre, el humanismo marxista defiende la libertad, racionalidad y personeidad del hombre (ideal racionalista-ilustrado del hombre)
- en tanto niega la existencia de un ser superior (Dios), defiende la primacía, suficiencia y autonomía del hombre en su autorrealización
- en tanto considera al hombre como el sujeto de la Historia, el hombre se convierte en el principio explicativo de la teoría de la Historia, pues le caracteriza el trabajo, la producción (la transformación de la naturaleza) y su esencia comunal, comunitaria (vs. individual)
LA ALIENACIÓN
- el concepto de alienación viene de Hegel, pero en sentido general hace referencia al estado en el cual una realidad se halla fuera de sí (enajenación) en contraposición al ser en sí (estado de libertad)
- formas de alienación:
- para Marx la alienación fundamental en el sistema productivo capitalista es la económica
- el trabajador es desposeído, negado, alienado, se pierde a sí mismo en tanto que le es enajenado el producto de su trabajo, que se presenta como algo extraño, independiente de él, pues le pertenece al capitalista, aun cuando la acción productiva del trabajador ha quedado cristalizada en el producto
- el trabajador es deshumanizado en tanto se convierte en una mercancía, en un factor productivo más, y no como el único que aporta valor al crear el producto
- la alienación económica es ocultada por la ideología y promueve otras formas de alienación:
- alienación social: división de la sociedad en clases (dueños de los medios de producción, los capitalistas, que pueden producir lo que deseen vs. proletariado, que solo poseen su fuerza productiva)
- alienación política: división entre sociedad civil (no poseen poder político) y Estado (poseen poder político)
- tales alienaciones segregan un conjunto de representaciones ideológicas que tienden a justificar y ocultar la situación real a través de:
- la alienación religiosa: mantiene la estructura socioeconómica valorando la resignación, justificando trascendentemente la injusticia social y buscando compensación en un más allá
- la alienación filosófica: sólo interpreta teóricamente la realidad y, además, falsamente
- para Marx la alienación fundamental en el sistema productivo capitalista es la económica
EL CONCEPTO DE IDEOLOGÍA
- tres tesis fundamentales:
- lo que piensan los hombres es un producto de la sociedad en que viven
- la ideología es un conjunto de ideas falsas y falsificadoras de la realidad y de las condiciones en que se desarrolla la vida de los hombres
- los contenidos ideológicos no tienen realidad propia, por lo que no tienen historia ni desarrollo propios
- es necesario ejercer una crítica de la conciencia ideológica para alumbrar un cuerpo teórico sobre las estructuras y leyes de la sociedad y de la Historia
- el conocimiento de la situación de conciencia ideologizada y de existencia alienada es condición necesaria para acabar con la ideología y la alienación
- pero toda teoría ha de ser práctica: llevará a la crítica práctica
LA ECONOMÍA POLÍTICA INGLESA. CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA
MATERIALISMO Y DIALÉCTICA
- el concepto marxista de “dialéctica”
- la realidad es un proceso; una totalidad dinámica de elementos interrelacionados
- hay que materializar la dialéctica hegeliana, darle la vuelta
- la naturaleza no es producto de algo previo (Razón, Espíritu), sino que es originaria e inmediata
- los tres pasos de la dialéctica:
- Marx parte de una totalidad material (v. gr. la sociedad de clases) o tesis
- esa totalidad encierra un carácter negativo o contradictorio de lo real, una contradicción material (no lógica, racional) que, cuando sale a la luz, niega la totalidad existente, formando una antítesis
- la superación de la contradicción consiste en negarla transformando la estructura y el orden real contradictorio en uno nuevo
- la lucha o tensión entre tesis y antítesis se resuelve en una síntesis superadora de esa tensión, así como de las contradicciones que la propiciaron
- no obstante, esa síntesis es, a su vez, una nueva tesis, con sus propias contradicciones, que propiciarán otra antítesis y síntesis, etc. hasta el final de la historia con la última síntesis-tesis sin contradicciones
- la realidad es un proceso; una totalidad dinámica de elementos interrelacionados
- el concepto marxista de “materialismo”
- la naturaleza y el hombre están dialécticamente relacionados
- la realidad es el proceso dialéctico real de producción: el trabajo o acción productiva (transformadora) del hombre en y con la naturaleza
- solo cabe una teoría, una ciencia: la ciencia de la Historia
- la ciencia de la Historia trata cómo la historia de la naturaleza y la historia de los hombres se condicionan recíprocamente
- el materialismo de Marx es histórico
- la naturaleza y el hombre están dialécticamente relacionados
LA CONCEPCIÓN MATERIALISTA DE LA HISTORIA
- la Historia se reduce en último término a la sucesión de los diferentes modos de producción, al proceso real de producción de cada época
- conceptos fundamentales del proceso real de producción:
- fuerzas productivas: capacidad de producción o trabajo real de los hombres
- relaciones de producción: relaciones entre los propietarios de los medios de producción y los productores directos en un proceso de producción determinado
- estructura económica o infraestructura: el fundamento y aquello que condiciona todo el proceso de producción, incluyendo la ideología o sobreestructura
- está constituida por las fuerzas productivas y las relaciones de producción
- superestructura o sobreestructura: conjunto de representaciones o ideas que configuran la conciencia (religión y filosofía) así como las estructuras jurídicas y políticas de las que se sirve la infraestructura
- modo de producción: totalidad social global (tanto la estructura económica como la política e ideológica)
- revolución social: destrucción y transformación de unas determinadas relaciones de producción con la consiguiente subversión de la superestructura
- tesis fundamentales de la concepción materialista de la Historia
- la Historia consiste en el proceso real de la producción material de la vida
- el motor de la Historia es la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción: la lucha de clases
- la Historia se dirige a la desaparición de las clases y la instauración del comunismo
- tal marcha de la Historia necesita de la acción del proletariado
- se pondrá fin a las alienaciones, permitiendo la realización total del hombre
Texto
KARL MARX, La ideología alemana.
Fragmentos del texto
Los siguientes fragmentos del texto deben ser impresos, analizados a mano siguiendo estas instrucciones, calificados primero por su autor/a y luego por un compañero/a siguiendo la rúbrica aportada y, finalmente, entregados al profesor para su revisión.
La ideología alemana 1 La ideología alemana 2