Disertación sobre los cuidados

 

Tema: ¿qué significa cuidar?

 

Otras cuestiones relevantes:

  • ¿Qué necesita ser cuidado?
  • ¿Qué tipos de cuidados son los más importantes?
  • ¿Podemos cuidar de nosotros mismos o necesitamos de los demás?
  • ¿Es una obligación el cuidado de los demás?
  • ¿Hasta qué límites debemos cuidar de los demás?
  • ¿Qué deberíamos descuidar?

 

Texto:

Llegar a ser un auténtico razonador práctico independiente es un logro, pero siempre es un logro para el que los demás también han contribuido de manera esencial. Las primeras contribuciones se refieren directamente a la existencia animal del ser humano, a lo que comparte en su desarrollo con miembros de otras especies inteligentes: todo individuo debe a sus padres, sobre todo a la madre, a los tíos, abuelos o quienes les sustituyen, el cuidado necesario desde la concepción hasta el nacimiento, la primera infancia y la niñez, el mismo que deben los delfines también a sus mayores, que les proporcionan cuidados maternales y de otro tipo. En la vida del ser humano, como en la de los delfines, existen patrones de reciprocidad, que perduran y se extienden más allá de la vida de los individuos concretos. Los delfines, que han recibido cuidados, cuidan a su vez de otros, a veces más allá de su propia especie, y ofrecen cuidado incluso a seres humanos. En un diálogo en que comparaba las excelencias de los seres marinos con las de los animales terrestres, Plutarco atribuyó a los delfines «esa virtud tan buscada por los mejores filósofos: la capacidad para la amistad desinteresada» en contraste con lo que, en su opinión, era el limitado interés propio de las golondrinas. Aunque esta idea acerca de los delfines pueda resultar atractiva, destaca una semejanza a costa de ocultar una diferencia.

El cuidado de los demás desempeña un papel fundamental para mantener la vida en común de los delfines; no obstante, es un papel que ellos mismos no pueden analizar, pues carecen de la capacidad para mirar retrospectivamente su primera infancia o prever el envejecimiento y la muerte, como puede hacerlo el ser humano. Tanto los delfines como el ser humano tienen una identidad animal y un pasado animal. El ser humano puede desestimar este hecho o puede ocultárselo a sí mismo, imaginándose como una persona lockeana o una mente cartesiana, incluso como un alma platónica; pero también, a diferencia de los delfines, tiene la posibilidad de entender su identidad animal a través del tiempo desde la concepción hasta la muerte, y entender con ello su necesidad de contar con el cuidado de otras personas en diferentes etapas de la vida pasada y futura. Es decir, sabe que ha recibido atención y cuidado, y sabe que se espera que a su vez preste esos cuidados de vez en cuando; y sabe que habiéndose ocupado de cuidar a otros, tendrá necesidad también de vez en cuando de que los demás le cuiden. Para que el ser humano no se limite a ejercitar sus capacidades animales iniciales y pueda desarrollar también la capacidad propia del razonador práctico independiente, necesita a los demás de varias maneras: los necesita para mantener relaciones que estimulen la capacidad para evaluar, modificar o rechazar sus propios juicios prácticos, la capacidad para preguntar si lo que considera que son buenas razones para actuar son realmente buenas razones; los necesita para desarrollar la capacidad de imaginar con realismo futuros alternativos posibles, de modo que pueda elegir racionalmente entre ellos; los necesita para adquirir la capacidad de distanciarse de sus deseos, para poder indagar racionalmente lo que es necesario para buscar su propio bien aquí y ahora y orientar sus deseos y, en caso de ser necesario, reeducarlos para alcanzar el bien.

MacIntyre, A. (2001). Animales racionales y dependientes, Paidós, pp. 100-101.

 

Vídeos: